domingo, 9 de noviembre de 2008

Maniobras editoriales

Hace pocos días, y ante las reacciones a lo que se presumía como un nuevo escándalo en el mundillo editorial español de la ciencia ficción, un conocido editor del género lamentaba amargamente esa especie de victimismo autoinculpante que los aficionados esgrimen una y otra vez para explicar siempre este tipo de delitos: "cosas de la cf española". Como si en el resto del mundo editorial esas "cosas" no pasasen.
Desde luego, el consabido editor tiene mucha razón en quejarse de una actitud que, además de basarse en una falsedad, no hace más que echar tierra a los propios intereses, los del lector de cf. Y tiene razón porque, sí, ciertamente esas cosas pasan y seguirán pasando también ahí fuera, en los dominios de las grandes editoriales. Los males que acucian de vez en cuando a la pequeña aldea de la cf son extensibles al resto del mundo editorial, ya no sólo en escándalos como el señalado más arriba, concernientes al impago de derechos de autoría y traducción, sino en otros asuntos que perjudican directamente al consumidor, tales como las malas traducciones, la pobre calidad en la presentación del libro o los abusivos precios. O las cada vez más numerosas e indignantes maniobras promocionales.
Hace unos años, escribí para Gigamesh una reseña dedicada a "Luchadores del espacio", un interesante ensayo escrito por José Carlos Canalda sobre las popularmente denominadas "novelas de a duro", y en ella llamaba la atención sobre un hecho engañoso:



Luchadores del espacio, de José Carlos CanaldaPodría decirse, para acabar, que "Luchadores del Espacio" da lo que promete en el título, pero desgraciadamente, sólo en parte. A pesar del protagonismo de la entrañable colección, cabe destacar una omisión grave de la que, inexplicablemente, no se aporta información alguna en la cubierta. Entre el collage de portadas que la ilustran, aparecen varias de novelas pertenecientes a la Saga de los Aznar (El imperio milenario, El enigma de los hombres planta...), serie con movimiento de aficionados propio que constituyó, sin duda, el principal valor de la colección. Sin embargo, ni una sola entrega de la saga creada por George H. White está presente en su interior, aunque sus otras novelas reseñadas gocen de un trato preferente con respecto a las de los veintiséis autores restantes. Esto convierte el ensayo en un estudio significativamente incompleto y le da un carácter de obra complementaria que debería haber tenido su correspondiente aclaración en el título.



Algunas novelas de la saga aparecían en la cubierta, y sin embargo no eran estudiadas en el ensayo. Hoy, algunos años después, me he vuelto a encontrar con algo muy parecido, y no en un libro de ciencia ficción, sino en una de las últimas novedades presentadas por Mondadori de (levántense, por favor) el gran Philip Roth. Se trata de "Lecturas de mí mismo", edición en español de "Reading Myself and Others", una colección de artículos y entrevistas publicada en 1975 y engrosada con algún material más para la edición de Penguin 10 años después. En resumen, lo que este libro ofrece al lector es la posibilidad de adentrarse en el proceso creativo de las obras de uno de los mejores escritores de la actualidad (si no el mejor) en su primera época, conocer las motivaciones e intencionalidad de sus primeras novelas. Tal como lo han calificado en muchos de los artículos que han noticiado su publicación en España, una suerte de striptease literario invaluable para sus seguidores.
Una muy grata noticia. ¿Dónde se encuentra, entonces, el motivo de mi reprobación? En la ilustración de la cubierta, esa que tienen ustedes un poco más abajo, y que transmite la misma falsedad que el ensayo de "Luchadores del espacio". Como pueden observar, el lote de libros que muestra escritos por Philip Roth es extraordinariamente variado. Incluye tanto sus obras primerizas como las más recientes, y eso llama a engaño. Dentro de "Lecturas de mí mismo", el autor desgrana, entre artículos y entrevistas, las motivaciones creativas que se encuentran detrás de su ocho primeras novelas, las escritas hasta la fecha de publicación del libro, 1975. Dado que la base utilizada es la reedición de Penguin, los comentarios también incluyen las cuatro novelas que componen "Zuckerman encadenado", publicadas en el ínterin. De su obra posterior a 1985, no se menciona nada.
Como efecto directo, el lector que se haya subido al carro gracias a sus últimas publicaciones en nuestro país, podría interesarse por aquello que llevó a Roth a escribir Sale el espectro, Elegía o El profesor del deseo (todos en Mondadori,Lecturas de mí mismo, de Philip Roth claro). A quien haya descubierto a Roth gracias a Isabel Coixet, quizás le llame la atención la presencia de El animal moribundo en ese lote. Pero indirectamente, el efecto de variedad que promete el citado lote puede servir para captar también otro tipo de clientes. Al aficionado a la ciencia ficción, por ejemplo, podría interesarle mucho echar un ojo al proceso de creación de La conjura contra América.
Creo que no soy el único que piensa que lo mejor de Roth, lo que cambió el calificativo de su obra de muy buena a extraordinaria (si exceptuamos El lamento de Portnoy) vino después, con novelas como Pastoral Americana, Me casé con un comunista o El teatro de Sabbath. Pueden imaginarse, por tanto, la decepción, la sensación de pequeña estafa al no encontrar referencia alguna a ellas en el interior. Cierto que esas obras maestras no están específicamente representadas en la fotografía, pero la variedad, el carácter global que ésta sugiere, así hacen creerlo. Lo más penoso de todo esto es que esta indignante maniobra no hacía falta. Los seguidores acérrimos de Roth, los únicos que en realidad vamos a comprar un libro que contiene textos en los que él mismo explica su obra, nos lo vamos a llevar a casa trate de las novelas que trate, porque sabemos que de Philip Roth, como de ese rosado animal ibérico tan apetitoso, se aprovecha todo, porque todo está bueno.
¿Era necesaria la publicidad engañosa?

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