jueves, 9 de octubre de 2014

Michel Faber. Bajo la piel

He tenido la suerte de ver recientemente la miniserie con la que la BBC adaptó al medio televisivo Pétalo carmesí, flor blanca, la voluminosa novela de época escrita por Michel Faber. En ella se narra la historia de Sugar, una prostituta del oscuro Londres victoriano que intenta escapar del arroyo. La gran oportunidad se presenta cuando logra seducir al heredero de una fábrica de perfumes. Su plan de ascenso en el escalafón social se ve dificultado, sin embargo, por la simpatía que le despiertan la esposa del aristócrata, víctima de un trastorno mental, y su hija, una niña sometida a una rígida educación, ambas prisioneras en la gran casa de la familia a la que ella se muda como interina.
Como se presupone en un producto de la prestigiosa cadena británica, los cuatro capítulos que componen la serie están bien dirigidos, bien interpretados (especialmente en el papel de la protagonista, una maravillosa Romola Garai) y cuentan, además, con una magnífica banda sonora compuesta por Cristobal Tapia. La ambientación, por supuesto, es extraordinaria, y la historia, magnífica. Como en toda representación del pasado, uno no puede sustraerse a las continuas muestras de discriminación a las que se somete a las mujeres. En este caso, la carga es mayor, puesto que se trata de una obra eminentemente femenina, tanto por sus protagonistas, los dos pétalos a los que alude el título (primer verso de un poema de Alfred Tennyson, traducido de aquella manera al español), como por la carga de fondo de la propia trama. 

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Comencé la lectura del libro en su día, pero la dejé intimidado por sus mil páginas. No era el momento, y ahora que conozco la historia, matado el suspense, creo que ya no lo será jamás. Y es una lástima, porque los comentarios que he podido leer al buscar información sobre la serie hablan de una gran adaptación, y casi todos concuerdan en que la novela es, como suele ocurrir, incluso mejor. Me quedo con ganas de saber más de Sugar, una protagonista fuerte, de esas que demuestran que la fortaleza en los personajes femeninos tiene su propia expresión, que es independiente y no tiene por qué ser una versión masculinizada, tanto en físico como en comportamiento, hecha con la idea errónea de equiparar lo que es innecesario emular.
Faber construye el grueso de la obra utilizando como ladrillos algunos dilemas morales sin hacerlos explícitos, método que ya utilizó en Bajo la piel, aunque en este caso haya que pasarlos antes por el tamiz temporal, juzgando según la época en la que está localizada la historia. Finalmente, Sugar se gana las simpatías del lector/espectador, logra su objetivo, pero si se revisan algunos de los actos con los que obtiene su triunfo (aborto, secuestro...), puede que la balanza moral no se incline hacia el lado correcto. No entro en detalles por no fastidiarles su disfrute. 
A continuación tienen una reseña breve de la primera novela de Michel Faber. Sin rozar la excelencia, se trata de un buen libro. Fue una de las pioneras en lo que vendría después, el aguacero de novelas de ciencia ficción escritas y publicadas por autores de literatura general, y le guardo, por ello, un especial cariño.






Como ya hiciera anteriormente con la publicación de novelas como El cromosoma Calcuta, del indio Amitav Gosh, la editorial Anagrama vuelve a desmentir la famosa definición de Norman Spinrad ("ciencia ficción es todo aquello que se publica como ciencia ficción") y presenta bajo el epígrafe de literatura general una novela que es, sin duda alguna, un claro exponente de ciencia ficción. Bajo la piel, del holandés afincado en Escocia Michel Faber, sigue las andanzas de Isserley, una extraña y pequeña mujer de grandes pechos (detalle recalcado con reiteración en la novela) cuyo único objetivo parece ser el de recoger autoestopistas masculinos, siempre de fuerte constitución, en la carretera para después hacerlos desaparecer. Pero bajo esa apariencia de serial killer con motivaciones sexuales se esconde algo muy distinto, un ser de extraña naturaleza.
La novela recupera, homenaje incluido, el tema central de la más que famosa El planeta de los simios (el cambio de papeles entre agresor y agredido) y le da la vuelta espectacularmente, imbuyéndolo, desde fuera del género, de una macabra modernidad. Faber logra dotar al mensaje de una contundencia que delata, por comparación, el carácter ingenuo que ha dejado desfasado el clásico de Pierre Boulle. El intercambio de zapatos, puesto en escena esta vez con una mala leche considerable, logra producir en el lector un efecto sobrecogedor, terrorífico. No es lo mismo verse como un mono encerrado que como lo que representan los humanos en esta novela.
La alternancia de los pensamientos de cada uno de los autoestopistas, compendio en clave satírica de los distintos arquetipos masculinos, con los de la protagonista, moderno Grendel de cuyo oscuro lugar de origen Faber sólo ofrece someras pero eficientes pinceladas, pone en jaque el sentido moral del lector. El punto culminante llega con una “imposible” violación en la que no está muy claro quien es el villano y quien el justiciero, y que complica hasta el extremo la decisión de por quién tomar partido. Bajo la piel no oculta sus pretensiones de fábula moral relativista, y conjuga con gran efectividad el moderno tratamiento crudista del horror con una sátira de tintes swiftianos, intentando profundizar, con bastante éxito, en el concepto individual y colectivo de lo diferente.


El texto original de esta reseña fue publicado en la revista 2001.

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