sábado, 6 de octubre de 2007

VV AA. Jabberwock 2

Tras un periodo de tiempo excesivamente largo, por fin ha salido a la venta el segundo volumen de Jabberwock, anuario de ensayo fantástico. Permítanme eludir clichés sobre esperas y recompensas y afirmar, sin embargo, que a la vista de la gran calidad que atesora de nuevo este ejemplar, y de lo inusitado de su contenido, es una auténtica lástima el año (y el correspondiente número) que se ha perdido por el retraso. El género fantástico está necesitado de proyectos como éste, que animen al resto de editoriales a potenciar el campo de la no ficción en un mercado que, en estos momentos, carece de revistas, fanzines y ensayos dedicados al estudio del género, al menos en papel. Más en el estado en que se encuentra actualmente, desbordado y en continua evolución.
El contenido sigue la misma fórmula que en el primer volumen, e incluye en esta ocasión seis ensayos, una entrevista y nada menos que dieciseis críticas de los libros más interesantes de ciencia ficción, terror y fantasía publicados a lo largo del año.





Ensayo:

Alberto García-Teresa: "Las aventuras de Emmanuel Goldstein: usos ideológicos de la ciencia-ficción"
José María Merino: "Los límites de la ficción"
Nicholas Ruddick: "Quiebras en el devenir del tiempo: unidad y discontinuidad en los ciclos de relatos de Keith Roberts (segunda parte)"
Margaret Atwood: "Diez formas de ver La isla del doctor Moreau"
Aaron Barlow: "La que está cayendo: lecciones para el mundo posterior al 11-S en la obra breve de Philip K. Dick"
Fernando Ángel Moreno: "La realidad fantástica: estética, ficción y postmodernidad en Cervantes y Tim Burton"

Entrevista:

Esta luz nunca se apagará: entrevista a John Kessel por Arturo Villarrubia

Críticas:

Canción de hielo y fuego, de George R.R. Martin
Cuentos completos, de Frederic Brown
Jonathan Strange y el señor Norrell, de Susanna Clarke
Furia feroz, de J.G. Ballard
La mujer del viajero en el tiempo, de Audrey Niffenegger
Cismatrix, de Bruce Sterling
La conjura contra América, de Philip Roth
Nunca me abandones, de Kazuo Ishiguro
Jennifer Gobierno, de Max Barry
Escritos fantasma, de David Mitchell
Provocación, de Stanislaw Lem
Nocturnos de Viriconium, de M. John Harrison
La nave, de Tomás Salvador
Leila.exe, de Hari Kunzru
La verdadera guerra de los mundos, de Joao Barreiros
Cazadores de luz, de Nicolás Casariego




En la sección dedicada a los ensayos, Margaret Atwood intenta desentrañar las claves ocultas de La isla del doctor Moreau, un libro que hace honor a su condición de clásico mostrando en cada relectura y para cada lector claves nuevas, perspectivas de acometida distintas en cada encuentro. Atwood nos enseña que bajo la apariencia de novela de aventuras y de romance científico subyace un texto apasionadamente evolucionista, en el que Wells se muestra bastante crítico con la idea universal de Dios y presenta una nueva condición del hombre, proveniente de su pasado animal, que es lógica conclusión a las tesis de Darwin. El texto de Aaron Barlow es relevante, sobre todo, en cuanto a que nos acerca al punto de vista de un norteamericano sobre el momento actual que atraviesa su país. Para colmo, lo hace utilizando como herramienta algunos escritos de Philip K. Dick de convincente carácter profético. El estudio adolece, sin embargo, de una cierta falta de profundidad y cuidado formal, lo que le da finalmente un aspecto más anecdótico que intelectual.
El ensayo de Nicholas Ruddick prolonga el análisis de la obra de Keith Roberts, escritor de la casa, iniciado en el anterior número. En estos casos, el disfrute depende de la relación que uno guarde con el autor objeto de estudio, y he de reconocer que tras la lectura de Pavana, novela que no me gusta, me he mantenido bastante alejado de los libros del británico. Es claramente el ensayo que menos me ha interesado, junto al de (oh, sorpresa) José María Merino. Se da la circunstancia de que dos de los trabajos aquí presentados comparten temática. Tanto el de Merino como el de Fernando Angel Moreno tratan el recurso metaficcional bajo dos enfoques diferentes, y a mí particularmente me ha parecido mucho más interesante y concreto el del segundo. Más allá de la presunta anécdota que promete el título, el texto de Moreno es una disertación lúcida y eficaz sobre la siempre inasible relación entre escritura y realidad, entre la interpretación y el hecho interpretado, y, en definitiva, sobre la validez de elección de una realidad propia. Poniendo como ejemplo a creadores tan separados temporal y conceptualmente como Cervantes y Tim Burton, el autor logra transmitir exactamente lo que pretendía, lo que al fin y al cabo marca el éxito o el fracaso de un ensayo.
Es, sin duda, el texto que más me ha llegado de todo el volumen. Sin embargo, a pesar de esa circunstancia, y a pesar también del riesgo que promete el extravagante enfrentamiento del título, no es, en mi opinión*, ni el más reseñable ni el más osado. Esas dos características hay que otorgárselas al ensayo de Alberto García-Teresa, titulado "Las aventuras de Emmanuel Goldstein: usos ideológicos de la ciencia-ficción", un recorrido por la historia del género con el punto de mira puesto en la ideología política y social contenida en sus obras. El autor concluye, tras revisar libros y movimientos, que la ciencia ficción es una especie de Caballo de Troya, un género literario y cinematográfico que postula maneras distintas de mirar la realidad pero que, sin embargo, repite esquemas y escenarios de ésta, generalmente pertenecientes a la rama más conservadora de las respectivas épocas en que está escrita. Lejos de mostrarse revolucionaria, los futuros que construye no son mas que proyecciones del presente occidentalizado, la perpetuación del statu quo actual. Incluso el revoltoso ciberpunk no es, para García-Teresa, mas que una forma de fomentar los valores individuales por encima de los sociales.
No estoy de acuerdo con mucho de lo que dice. Creo que hay suficientes novelas y cuentos al margen de lo que acusa como para no considerarlos excepciones, y creo también que hay un factor de creación que resulta fundamental y del que el género no puede prescindir: la verosimilitud. Más que sumisión al establishment o desidia, lo que veo es falta de talento para lograr futuros creíbles que sean radicalmente distintos a nuestro presente. Aún así, el ensayo de García-Teresa me ha hecho pensar y me ha abierto los ojos a otras realidades, algunas de ellas absolutamente innegables. Y eso es, ante todo, lo que ha de pretender un ensayo, defender su tesis de forma convincente hasta alojar la duda en la cabeza del lector; abrir los ojos a posibilidades nunca planteadas, a nuevos caminos, y hacerlo con criterio. En esos aspectos, este ensayo es, sin duda, el mejor que he leído este año.
De la entrevista a John Kessel, realmente interesante, pero más breve de lo que hubiera deseado, quiero destacar este pequeño extracto:



Creo que, teniendo en cuenta nuestro papel en la cultura popular, cualquier obra que lleve la etiqueta de "ciencia-ficción" nunca va a ser respetable literariamente. (...) La ciencia-ficción significa para ellos naves espaciales y máquinas, preferiblemente con muchas peleas y explosiones. Evidentemente, nosotros sabemos que esto no es cierto (o por lo menos que no es la única forma posible de ciencia-ficción), pero el mundo en general no lo sabe. Y llegados a este punto creo que nunca lo sabrá. Más nos valdría dejar de luchar contra ello.



Pienso exactamente lo mismo. El carácter intrínseco de buena parte del género y la mala fama acumulada pesan demasiado, es una guerra perdida. Pero una guerra por un nombre, por una definición, no es que importe mucho. Lo que importa es el género en sí mismo, y ése va a seguir creciendo, aunque para ello tenga que renunciar a su etiqueta. No me parece relevante que, por ejemplo, algunos de los magníficos libros reseñados en la última sección de este Jabberwock no sean calificados, ni por la crítica ni por sus autores, como ciencia ficción. Nunca me abandones, es cf; La conjura contra América es cf ; Cazadores de luz es cf. ¿Hay que rasgarse las vestiduras porque no les den tal consideración desde el mundo editorial ajeno al género? Creo que no. Creo que hay que alegrarse y desear que todos los años aparezcan obras como las incluidas aquí, en las casi cien páginas dedicadas a la crítica de libros publicados en (y aquí el desfase de esta antología beneficia claramente al lector) el año 2005, un año prodigioso. Todas son extraordinarias, y sólo echo de menos una, precisamente la que más me gustó de aquel año, La posibilidad de una isla, de Michel Houellebecq. Desgraciadamente, mi lamento es mayor, pues conozco el motivo de esa ausencia, y, muy personalmente, al culpable.



* Causa perplejidad comprobar cómo mucha gente, a pesar de los años (de edad y de lecturas), aún son incapaces de entender que lo que más le gusta a uno no tiene por qué ser lo mejor.

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