Lo cierto es que Invasión parece un cuento alargado. De haber presentado una longitud más acorde a su contenido bien podría haber formado parte de El edificio, la antología de relatos previa a esta novela que ya contaba con narraciones de ambición similar. Sigue siendo éste un autor a seguir, interesante, y a quien, a título anecdótico, veo emparentado en su vena kafkiana con otro reconocido escritor español de género fantástico: Félix J. Palma. Invasión no es Fin, desde luego, pero es una lectura interesante en la que, por cierto, no cuesta mucho rascar para dar con el significado alegórico.
martes, 11 de abril de 2023
Breves: Heller, Monteagudo, Russo
Lo cierto es que Invasión parece un cuento alargado. De haber presentado una longitud más acorde a su contenido bien podría haber formado parte de El edificio, la antología de relatos previa a esta novela que ya contaba con narraciones de ambición similar. Sigue siendo éste un autor a seguir, interesante, y a quien, a título anecdótico, veo emparentado en su vena kafkiana con otro reconocido escritor español de género fantástico: Félix J. Palma. Invasión no es Fin, desde luego, pero es una lectura interesante en la que, por cierto, no cuesta mucho rascar para dar con el significado alegórico.
miércoles, 29 de marzo de 2023
Pellizcos
La ciencia ficción es un género literario y por tanto debe juzgarse por criterios estrictamente literarios. Ni literatura de ideas ni nada: literatura y punto.
-César Mallorquí-
martes, 21 de marzo de 2023
Robert Hugh Benson. Señor del mundo
Como ocurre con el asunto del nacimiento de la ciencia ficción, cuando te sumerges en el estudio de las distopías dispuesto a conocer su origen acabas inmerso en una competición de reivindicaciones en la que pareciera que colocar la bandera un poco más allá otorgue puntos. Al final (o al principio, mejor dicho) te acabas topando con una obra que, como el gato de Schrödinger, podría estar y no estar dentro del subgénero dependiendo del observador. Si retrocedes más allá de las incontestables "Farenheit 451" (1953), "1984" (1949) y "Un mundo feliz" (1932) llegas a "Nosotros" (1924), que posee todas las características de una distopía y, por la influencia que tuvo sobre las siguientes, podría ser reivindicada como la primera de todas. El problema es que, si sigues camino, das con "La máquina se para" (1909), cuya amenaza es tecnológica, no política, pero de la que pocos podrían poner en duda su filiación o, más correctamente, dada la fecha en la que se publicó esa novela corta, su paternidad. El caso es que aún se puede viajar dos años más atrás, hasta 1907, y toparse con "Señor del mundo", la novela escrita por monseñor Robert Hugh Benson, que si bien cuenta con gran parte del posterior acervo distópico, coloca en su punto de mira un objetivo algo distinto, con presencia de lo social y político pero con la religión en el centro del conflicto. Este punto hace que difiera en lo principal del canon distópico, pero también que la lectura, si bien en gran parte de su recorrido aburrida, sea a ratos interesante y a ratos un desafío. Porque se trata de una obra de género fantástico en la que el lector ha de considerar, precisamente, lo fantástico no futurista, en este caso lo divino, como realista. O esa es la intención del escritor, quien, claro, no espera que la narración vaya a estar arrojando a la cara del no creyente segundas lecturas todo el rato.
miércoles, 11 de enero de 2023
Breves: Carrasco, Bueso, Duras
La narradora rememora un episodio de adolescencia desde la intimidad, pero también desde el alejamiento, refiriéndose a la protagonista en primera y tercera persona, reconociendo desde su madurez lo que al personaje, ella misma, se le escapa debido a su juventud. La importancia de la madre, de los hermanos y de los parajes asiáticos se muestra con una exactitud que contrasta con la forma elusiva de concretar los sentimientos de la adolescente por su amante chino. La escritora refleja las falsas seguridades en el pensamiento de la protagonista, la imposibilidad de reconocer los sentimientos propios tras sus vivencias. Es fácil, por la sensación de autoridad que da la madurez, otorgar más confianza a la narradora postrera, pero dada la conocida falsedad de la memoria, la pátina de dulzura que confiere a los recuerdos, esto se me antoja, también, problemático.
sábado, 7 de enero de 2023
Criminal Blurbs
sábado, 31 de diciembre de 2022
Recuerdo...

leyendo cuando ellos vuelvan. E incluso después de que se acuesten. De fondo suena la voz de Jon Anderson sobre extrañas melodías de Vangelis. Mi recuerdo, muy intenso, va ligado a la brisa que mueve la cortina y al silencio que lo ocupa todo, más allá de la luz del flexo y de la música, en el momento que alzo la cabeza maravillado. El colosal artefacto que están explorando los astronautas humanos se ha iluminado de repente; amanece en Rama y la sensación es abrumadora. Esa noche, o día, no dejaré el libro hasta concluirlo, me acostaré de amanecida. jueves, 17 de noviembre de 2022
Breves: Houellebecq, Piñol, Williams
sábado, 12 de noviembre de 2022
Christina Rossetti. Tierra de sueños
Hace dos años que, a estas mismas horas, cercana la medianoche, recibí la llamada del hospital informándome de que mi madre había fallecido. Luchó contra la neumonía que le había provocado el SARS-CoV-2 durante once días, pero finalmente perdió la batalla. O, más certeramente, la guerra. Las condiciones de aquellas jornadas terribles, que, por no sepultar el recuerdo y hacer justicia, espero que el futuro desvele con toda su crudeza, nos arrebataron muchas cosas y aún lo siguen haciendo. En todo este tiempo, he intentado escribir un texto sobre mis padres y sobre aquellos días, un retrato veraz que estuviera a la altura, pero aún no he podido. Es sorprendente lo difícil que es, a veces, volcar al papel cosas que se tienen muy claras, marcadas a fuego en la cabeza. Cuesta calibrar toda la magnitud y las derivaciones de los hechos.
Decía que, por ejemplo, aquella especie de borrado de los muertos, de entierro en el anonimato, de no poder asistir o siquiera ver a los seres queridos en sus ataudes, ha alargado sus efectos a los años posteriores. Uno no pudo despedirse, no pudo verlos, así que el recuerdo tampoco es el mismo. Y así ocurre que una fecha que en condiciones normales se tiene muy presente, con aquellos muertos se desvanezca. Familiares a los que les bailan los días y no la tienen clara; o uno mismo, que no se siente culpable porque sabe que la culpa está en otra parte. En los hechos, sin ir más lejos. Así que, para que nunca se me olvide, por si eso ocurre, dejo aquí, en este blog en el que he depositado tantos asuntos personales, un recordatorio que, si bien no será eterno, permanecerá en el rincón de los textos olvidados hasta que Blogger se extinga. Unos versos por y para mi madre.
Como hice en su día con el poema Will Come Soft Rains, de Sara Teasdale, reproduzco ahora el titulado Dreamland, de la escritora inglesa Christina Rossetti. Al igual que la norteamericana, Rossetti no ha tenido en España mucho predicamento. Se cita siempre su parentesco con dos escritores notables que yo me niego a mencionar, pues me parece una escritora que se defiende por sí sola. A caballo entre el romanticismo y la época victoriana, se la suele incluir siempre en la Hermandad Prerrafaelita. Dreamland está incluido en su libro de poemas Goblin Market and Others. Me ha sido tremendamente complicado encontrarlo en castellano. Ignoro si la edición española de Pre-Textos, El mercado de los duendes, contiene sólo el largo poema del título o incluye también el resto. He copiado la excelente traducción de El espejo gótico, una página web temática hecha con gusto que pueden visitar haciendo click en el enlace del propio nombre. Sin más:
Tierra de sueños
Donde los ríos sin sol lloran,
Derramando en el abismo sus olas,
Ella duerme un sueño encantado
Del que no despertará.
Guiada por una estrella errante,
Ella llegó de lejanos lugares,
Buscando sus placeres
Donde las sombras yacen.
Ella dejó la rosada mañana,
Ella dejó los campos de maíz
Por el frío crepúsculo
Y los lánguidos manantiales.
A través del sueño, como un velo,
Ella observa el pálido cielo,
Escuchando el canto aéreo
Del triste ruiseñor.
Descanso, descanso, un perfecto descanso
Cubre su frente y sus senos,
Su rostro se vuelve al oeste,
Hacia la Tierra Púrpura.
Ella no puede ver el grano,
Madurando en la colina y el llano,
Ella no puede sentir a la lluvia
Caer sobre su frágil mano.
Descansa, descansa por siempre
En las exuberantes orillas
Descansa hasta que el corazón calle,
Hasta que el núcleo del tiempo muera.
Duerme un sueño que el dolor
No puede perturbar,
La noche no será quebrada por la mañana,
Hasta que la alegría se apodere
De su perfecta paz.



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