viernes, 23 de octubre de 2009

Errare humanum est?

Hay libros que se adquieren por error. Hasta el lector más bregado puede caer en él cuando se es presa de un cruce de informaciones equívocas. A la mayoría de ustedes, librófagos empedernidos, les sonará esto, pero ya que siempre hay algún comprador infalible entre el público, ahí va un ejemplo aclaratorio. Está, como suele avisarse en esos aterradores telefilmes de sobremesa que tratan sobre familias destrozadas, basado en hechos reales.
Nunca me he considerado un intolerante a la hora de consumir, o incluso devorar, productos artísticos y culturales. Soy muy ecléctico, y eso siempre es un garante de comprensión y respeto al prójimo. Entiendo que haya gustos distintos porque a mí también me gustan cosas muy diferentes, que a veces se encuentran en extremos diametralmente opuestos del espectro cualitativo. Sin embargo, una cosa muy distinta es la valoración objetiva de ese producto que te gusta. Por decirlo de algún modo, siempre entenderé la afición por la basura; lo que no admitiré de ningún modo es que, para dignificar ese gusto propio, luego se niegue que la basura sea tal cosa. El gusto es subjetivo, la calidad intrínseca de una obra de arte no lo es. Si te gusta la basura, te gusta la basura. Así, sin complejos, pero siendo siempre consciente de que se trata, al fin y al cabo, de basura.
Bien, dejemos de divagar. ¿A qué viene realmente todo esto? Pues verán, tengo, como mucha gente, afición por ese tipo de cine denominado palomitero. Sé valorar, tanto en un libro como en un filme, el factor entretenimiento en su justa medida. Al fin y al cabo, se lee y se va al cine para divertirse, aunque luego esa diversión provenga, dependiendo de cada cual, del ámbito intelectual o del puro aspecto lúdico. En el segundo de los casos, mi campeón se llama Roland Emmerich, artífice de esos desaforados blockbusters titulados Godzilla, Independence Day y El día de mañana. Me pirran esas superproducciones catastrofistas, apocalípticas, definitivas, repletas de efectos digitales y destrucción a mansalva. Esa es la razón por la que espero con cierta ansiedad el estreno en nuestros cines de 2012, la última megaproducción dirigida por el alemán. Más despúes de ver el espectacular trailer promocional.



Pues bien, el anuncio de este tour de force de lo cataclísmico ha sido el desencadenante de mi error. El guión de la anterior producción de Emmerich, El día de mañana (The Day After Tomorrow), estaba inspirado en el libro The Comming Global Superstorm, escrito a cuatro manos por Art Bell y Whitley Strieber, quien luego, en solitario, se encargaría de realizar la adaptación literaria de la película. El año pasado, la editorial Minotauro tradujo al español una novela de Strieber titulada 2012, The War for Souls, y la publicó como 2012, a secas. La asociación fue para mí inmediata. En cuanto conocí el proyecto de Emmerich, deduje que se trataba de una nueva colaboración, y corrí a hacerme con el libro. Craso error: la película cuenta con un guión original y no se basa en libro alguno. De hecho, la adaptación que yo buscaba pertenece a otro proyecto, de momento cancelado. Iba ser realizada por Michael Bay respetando su título original, War for Souls, hasta que Emmerich se le adelantó.
Me reprocharán ustedes, y con razón, que no indagara, que no recolectara datos sobre la veracidad de esa posible adaptación. Debería de haber investigado, haber buscado en sitios bien informados de internet la confirmación de mis poco fundamentadas sospechas. Y más teniendo en cuenta que la fiebre por el 2012, año en que todo finalizará según los mayas, compite con los mismísimos Larsson o Hipatia en volúmenes y títulos en nuestras librerías. Comparto todos esos reproches desde el mismo momento en que me di cuenta de mi error. Es cierto que el retoque en el título por parte de la editorial puede llamar un poco a engaño, pero no, debería haberlo comprobado, haber ido a la fuente misma. Y la verdad es que, ahora que lo pienso...
Ahora que lo pienso, resulta que sí lo hice.
Si entran ustedes en la web de Scyla, diseñada por Planeta Ad Network para Timun Mas y Minotauro, las dos filiales dedicadas a la literatura fantástica, podrán contemplar la misma (des)información que me condujo a mí al error y me impidió cotejarlo. Al fin y al cabo, si la misma editorial que ha sacado el libro te dice que en éste se encuentra el origen de cierta película, tú no lo pones en duda. Sería una enorme equivocación si no fuera cierto, ¿no? Podría incluso ser catalogado de maniobra intencionada para ganar lectores. Más si sumamos la información complementaria, como la insólita entrevista realizada a Amanda Peet.

La página
La entrevista


Sí, no es su ordenador, no se preocupen: el equivocado trailer insertado en esa equivocada página tampoco funciona. He de aclarar, antes de nada, que no pienso que haya habido mala fe, sino chapuza. El guión de Emmerich trata del apocalipsis maya, se titula 2012 e incluye universos paralelos*. Si Strieber podría acusarlo de plagio, es otra cuestión, pero para evitar errores propiciados por este tipo de semejanzas está el trabajo profesional. Tras haber asumido desde la perplejidad asuntos como el del quinto volumen de los Cuentos completos de Dick, o el de la página de El prestigio, al que me referí hace tiempo, ya no me sorprende absolutamente nada de lo que provenga de esta editorial, antaño la más distinguida de entre las dedicadas a la ciencia ficción en este país. Ya ni siquiera hay que profundizar en el producto, en los libros, en la nueva línea editorial y su giro hacia lo magufo. No hace falta, se ve desde fuera. Estos detalles de "profesionalidad" retratan a una empresa.
Esta vez el coste personal ha sido cuantioso: tiempo invertido en un libro que nunca pretendí leer. En breve podrán echarle un ojo a la reseña. Como adelanto les diré que hay ocasiones en las que un error da como resultado un placer inesperado. Esta no ha sido una de ellas.

* Recién llegado de ver la película, a día 15 de noviembre, me he percatado, a pesar de que en algunos sitios norteamericanos así estaba reseñado, de que no hay presencia de universo alternativo alguno en el guión de la película, con lo que la confusión adquiere ya tintes tan apocalípticos como los de la película.

2 comentarios:

  1. Yo caí en el mismo error -"Mal de muchos..."-, lo que significa que la editorial jugó a engañar a los lectores -qué sorpresa-. De todas formas, hay otro tema. La confusión puede haber sido deliberada para aprovechar el tirón cinematográfico, pero eso no justifica el que en páginas interiores no hayan traducido el subtítulo, y que sólo lo añadan en la referencia legal, junto al copyrigth y el ISBN, y en inglés. En seguida pensé que no lo habían traducido ni incluido en el título por un remilgo laico, sobre todo pensando en que Strieber no es precisamente un escritor progre.

    Por otro lado, el libro, que es un telefilme novelado, a mí no me ha disgustado. Así lo contaré en la reseña que colgaré en mi blog http://imperiofutura.blogspot.com

    Saludos

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  2. La leeré con interés para ver cuáles son esos elementos positivos que le encuentras. A mí me parece horrible.

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