sábado, 3 de junio de 2006

No Name City

Tengo un amigo completamente enganchado al género de la ciencia ficción desde que era un niño (*). Me dijo hace poco que andaba estos días con una extraña sensación encima, la de aquél que se percata de que sobra en un guateque. Le pregunté interesado, y me hizo partícipe de sus cuitas. Como muchos otros lectores de su generación, mi amigo (llamémosle Ben) vivió sus primeros años de La juerga de un billón de añosaficionado a la cf en soledad. En la década de los 80 y principios de los 90, no era un género muy bien tratado en este país. Sólo un par de revistas y alguna editorial peleona se esforzaban por cubrir el escaso cupo existente. Por eso, Ben explotó de alegría cuando el crecimiento de la Red inició un proceso de conocimiento y acercamiento entre los aficionados. Pasó de náufrago en una isla a ciudadano de una comunidad que, gracias a la potenciación producida por el medio, comenzó a crecer y crecer, hasta rebasar los límites predichos por las expectativas más audaces.
Aquellos primeros años entre listas de correo, grupos de noticias, iniciativas editoriales, kedadas y demás actividades, fueron tan intensos como felices. Se batalló por mejoras, se inspeccionaron y anexionaron nuevos territorios y todo fue creciendo y creciendo. La ciencia ficción española era una fiesta, y Ben se sentía colocado, en su doble acepción, en el centro mismo del fenómeno. Luego ocurrió lo inesperado, la unión a la causa de una fuerza imparable. El cine lanzó una ofensiva devastadora con su versión de "El señor de los anillos" y con la segunda trilogía de "Star Wars" y convirtió de golpe a la nueva generación de tiernos infantes en vainas hambrientas de género fantástico.
Y luego, claro, vino el asunto Da Vinci, un fenómeno que linda el género, e incluso a veces lo remeda, y que ha producido una mayor venta de libros afines en todo el mundo.
Todo ello ha revertido en el período actual de sobrealimentación y saturación, años en los que han convivido más de tres revistas temáticas en las librerías, meses en los que la cantidad de novedades no pueden ser contadas ni empleando todas las falanges del cuerpo. Saldos, estafas, hundimientos, renacimientos. Y todas las editoriales grandes (Roca y Alianza Editorial se acaban de unir al jolgorio) extienden uno de sus numerosos tentáculos para tantear las nuevas posibilidades comerciales de lo que antes fue veneno para sus arcas.
Le digo a Ben que si la situación es tan boyante no veo dónde está el problema. Me dice que el problema es personal, que se siente desplazado, que la evolución de todo esto le ha sobrepasado. Que, no sabe por qué, ha perdido el interés. Empieza a sospechar que lo que le hizo disfrutar tanto no fue el fin, sino los medios. Ya nadie envía mensajes a las listas de correo, ya no hay kedadas y ha perdido el contacto con mucha de aquella gente. Ahora entra en la nueva realidad, en los foros web, y ya no es lo mismo. Ya no compra ni una décima parte de los libros que aparecen, e incluso la ciencia ficción no le proporciona la misma ilusión que antes, porque ya no es ciencia ficción. Piensa que se hace mayor.
Paparruchas, le he dicho.
Ben no ha cambiado, lo que le pasa es que tiene el síndrome de la estrella errante. Al igual que Lee Marvin (porque el de la historia era el mismísimo Lee Marvin y no un personaje imaginado), se implicó en la construcción de la ciudad sin nombre, la vio crecer y la amó, hasta que se corrió la voz y llegaron rostros nuevos con nuevas inquietudes, y el fenómeno de la sobreexplotación la tornó en otra cosa.
Esta mañana le he llamado para quedar y aconsejarle, delante de una cerveza, que busque nuevos horizontes, que recupere la pasión por otros lugares. Me ha dicho que no podía venir, que había quedado con la gente de un foro de novela negra que encontró hace poco en Internet. Está leyendo todo Chandler y Hammet, y según me dice, no puede dejarlo.

Abandonando No Name City



(*) Esto no me parece nada raro, sino más bien lo contrario; la ciencia ficción es un género al que uno raras veces se aficiona de adulto.


4 comentarios:

  1. Anónimo2/7/06 8:31

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  2. Anónimo18/7/06 9:03

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