martes, 21 de abril de 2015

Breves: Martinson, Tabucchi, Uhlman

Aniara, de Harry Martinson

"Aniara" es un poemario constituido por 103 cantos, publicado en 1956 por el premio Nobel sueco Harry Martinson y ahora traducido y prosificado por Carmen Montes Cano. Cito su nombre porque es obligado, puesto que la tarea de volcado al castellano se me antoja un auténtico tour de force. Personalmente, he tardado en aclimatarme a la conversión en prosa, pero una vez asimilada, la lectura se ha convertido para mí en una auténtica delicia, un proceso de navegación tan armónico que la primera palabra que acude a mi mente para calificarlo es "música".
El relato describe la singladura de una gigantesca nave espacial perdida en el espacio, con rumbo fijo entre la Tierra y la constelación de Lira. La premisa inicial me ha recordado el cuento Tricentenario, de Joe Haldeman, aunque el contenido no puede ser más distinto. El corpus de la narración está constituido por los sucesos y los cambios sociales que se dan a lo largo de esos años y por el recuerdo de la historia anterior al despegue. Si la métrica se ha perdido, el aliento poético de esta epopeya pervive aún en sus páginas. No puedo imaginar la potencia con la que este texto, tan cercano a Bradbury en su calidad lírica, debe de golpear al lector en su forma original, con su naturaleza rítmica y su rima al completo.
Bajo la épica del náufrago, Martinson narra el desarrollo vital y el ocaso de los habitantes de una nave que apunta a generacional pero que, finalmente, no llega a serlo, describiendo a la par, con similar pulso lírico, los vaivenes humanos y los paisajes cósmicos. De paso, crea, en maravillosos interludios, una mitología completa de una Tierra al borde de la extinción situada a casi veinte mil años en el futuro.
Esto no es una novela, es un canto, una melodía que invade la mente con imágenes hermosas. Una extraña flor tan breve como bella.


Dama de Porto Pim, de Antonio Tabucchi

Llego a este libro por una cita incluida en otro, concretamente en "Exploradores del abismo", de Enrique Vila-Matas. Esta hilación entre obras es algo bastante usual en el mundo de la literatura y nos permite, a quienes entramos en el juego, aventurarnos con autores que aún no habíamos tocado. El engarce de lecturas revierte, de este modo, por la carga adquirida, en el disfrute de la obra nueva, desconocida, y en el enriquecimiento de la anterior.
Una vez leída, "Dama de Porto Pim" ha resultado ser una colección de meros apuntes, de pequeñas historias y datos que conforman una estancia en las islas Azores relatada en clave de impresión personal. Balleneros y ballenas, ciudades invisibles, lecturas ajenas y dioses erigidos sobre emociones; todo ello, geografía de unas islas volcánicas que no son, a su vez, mas que lugares de la memoria y el corazón. Se trata de una lectura frugal y amena, tan trascendente como el "inutile phare de la nuit" que tan bien traído está en sus páginas, pero deja buena impresión, una cierta melancolía isleña. El autor de Sostiene Pereira me ha parecido, por lo demás, un buen estilista, un escritor con personalidad, así que mi primera toma de contacto con su obra ha sido satisfactoria. Esta colección de cuentos relacionados entre sí afecta a la melancolía como un fado de apenas tres minutos. 


Reencuentro, de Fred Uhlman

Es sorprendente el parecido que el lector podrá apreciar entre Reencuentro y Paradero desconocido. No cuentan la misma historia y sus conclusiones son distintas, pero ambas novelas podrían ser descritas con las mismas palabras: dos amigos, uno judío y otro alemán, verán separados sus caminos y sus creencias por el estallido del nazismo. Ambas cuentan con finales sorpresa, ninguna de las dos va más allá de las cien páginas, y sin embargo, sus diferencias son tantas como sus evidentes coincidencias.
Kressmann Taylor escribió, con tanta efectividad como espectacularidad, una joya literaria diseñada sobre cimientos epistolares. En ella ponía en evidencia la vergüenza del pueblo alemán de forma directa y dura. Fred Uhlman se muestra mucho más sutil, más delicado y complejo, y sin embargo logra hacer llegar su mensaje con la misma fuerza que la escritora norteamericana. Reencuentro es una de las novelas de giro final más potente que yo haya podido leer, porque su aparente sorpresividad no procede de la obra, sino que responde al prejuicio del lector. La información que aporta la última frase cambia la conclusión y, con ella, el mensaje de toda la novela, conmueve el corazón del lector y pone en funcionamiento la maquinaria cerebral que todo buen aficionado a la lectura gusta de tener bien lubricada.



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