jueves, 5 de agosto de 2010

Whitley Strieber. 2012

En días pasados se ha anunciado la convocatoria de la VIII edición del Premio Minotauro. El seguidor de esta página ya conocerá la opinión que este galardón me merece, o más concretamente, lo que pienso de los efectos que ha provocado su evolución en la ciencia ficción española. Como por falta de actualización en su momento no llegué ni a mencionarlo, me parece de justicia (y como pertinente recordatorio) hacerlo ahora: la última edición fue ganada por la novela Crónicas del Multiverso, escrita por el tinerfeño Víctor Conde. Se trata de una novela de ciencia ficción clásica escrita por un autor procedente del fandom, lo que supuso una grata reorientación en la lamentable trayectoria tomada por la editorial en anteriores ediciones, una trayectoria asentada en libros de dudosa calidad publicados en los últimos años, de los cuales el que tienen reseñado a continuación es un claro ejemplo. Los aficionados a la ciencia ficción rogamos que tanto el premio a Víctor Conde como la propia disposición del escritor por este género no hayan sido más que el comienzo de lo que está por venir.





Si bien es cierto que el cambio de orientación sufrido por la editorial Minotauro en los últimos tiempos es susceptible de numerosas críticas, no lo es menos que éste ha sido tramitado con una loable coherencia interna. La conversión de la que fuera mejor editorial de ciencia ficción en castellano al subgénero (pocas veces un prefijo fue tan oportuno) de la ficción paranormal ha sido ejecutada mediante una lenta progresión, con tal éxito que, intuyo, el definitivo paso final no habrá pillado a nadie por sorpresa. De la publicación de los Aldiss, Ballard, Gibson, Bester, Simak, Harrison y demás creadores de obras maestras del género, con la que Francisco Porrúa consiguiera el marchamo de líder para su editorial, hasta la inclusión en catálogo de Iker Jiménez y la camarilla de lo paranormal, esa con la que los nuevos dirigentes han comenzado a labrarse una imagen radicalmente opuesta a la anterior, varias novelas mestizas han ido anunciando lo que se venía encima, haciendo de puente hacia ese concepto literario antípoda que ha acabado con el indiscutible prestigio de tiempos pasados. La involución del Premio Minotauro, acompañada de una serie de obras puntuales, ha ido preludiando la nueva política editorial. Uno de los mejores ejemplos de esas obras es la novela que nos2012, de Whitley Strieber ocupa, 2012, del norteamericano Whitley Strieber, que en su versión original cuenta con el clarificador subtítulo de La guerra por las almas.
Sin perder más tiempo les diré que 2012 es la novela de ciencia ficción que escribiría un creyente en pufos (¿los hay de otro tipo?), y que cumple, uno por uno, los sueños más hidratados de cualquier magufo. La afirmación que hago es literal, puesto que el propio escritor se cuenta entre las legiones de abducidos confesos. Si bien es cierto que tengo por norma no confundir ficción y creador, es innegable que a menudo se puede oler, e incluso palpar la concordancia entre el posicionamiento del escritor y lo que escribe (por ejemplo, ese liberalismo derechón en Robert A. Heinlein), y en este caso la coincidencia entre biografía y bibliografía sirve para ahuyentar del lector cualquier tipo de duda. Y es que son pocos los clichés paracientíficos a echar en falta en esta novela, todos ellos acompañados por sentencias sonrojantes en cuyo tono se adivina un cierto tufillo revanchista. Así, se hace mención a cómo el gobierno de EE. UU., al fin, se vio obligado a reconocer públicamente la existencia de los OVNIs, a cómo los yetis y unicornios y otras suertes de animales mitológicos tenían la habilidad de moverse entre dimensiones paralelas para esconderse de la vista humana, a la existencia indiscutible del alma humana, a las aviesas querencias anales de los alienígenas (o tal vez del escritor/protagonista).
Es difícil no caer en el prejuicio antes, incluso, de pasar a valorar las virtudes literarias de este libro. Lo malo es que si pasamos a ellas son de un signo semejante. 2012 podría haber sido una gran comedia con los mimbres que la esencian, pero desgraciadamente, y aunque a ratos no lo parezca, va en serio. Wyllie Dale es un escritor con esposa e hijo que se hizo famoso al novelar la experiencia de su propia abducción por parte de los extraterrestres. Una noche, poseído por la escritura, comienza a glosar la historia de una Tierra alternativa invadida por maliciosos lagartos provenientes de una tercera dimensión paralela. Las dos parecen conformar una especie de triángulo mágico con la nuestra, así que la realidad de Wyllie, nuestra realidad, también se ve amenazada. El objetivo de los pérfidos reptiles es aprovechar la extraña conjunción de las tres Tierras en el año 2012 para poder pasar a las dos realidades gobernadas por los humanos, auténticos paraísos comparadas con la suya, y robarles las almas, el preciado objeto de su deseo. De principio la acción se va desarrollando con lentitud, con pesadez, pero llegados a cierto punto, Strieber decide soltarse la melena.
Entre un batiburrillo de tramas desquiciadas, la historia de disloca. Militares, reptiles, sondas rectales, humanos zombificados, metaficción, la América profunda(mente) religiosa, la familia unida, niños gestálticos sin venir a cuento y escenas del peor gore van rellenando las páginas sin ton ni son. Valgan unos pocos ejemplos: la única puerta de entrada al mundo del escritor (a nuestro mundo), el remanso de un río cercano a su casa, resulta luego, inesperadamente, no ser la única; la esposa y el hijo del protagonista cambian, sin mediar explicación alguna, de ser pesados e ignorantes familiares a estar en el ajo desde el principio; Whitley, o Wyllie, o lo que quieran descubre con gran sorpresa (aunque no mayor que la del lector) que en realidad es un quintacolumnista que está en medio de todo (¿alguien ha dicho V?). Y, perdonen, ya termino: la clave para parar la invasión de los OVNIs es, mire usted, no creer en ellos, cosa que nos ha salvado hasta ahora.
Entre lo poco digno que se puede citar se encuentran los breves episodios que se desarrollan en el mundo lagarto, terrible de verdad (el autor de El ansia tenía que retener algo, digo yo), y también el juego que da a ratos la metaficción que sirve de puente entre la Tierra invadida y la amenazada. Escasos elementos de disfrute, en todo caso, para un esfuerzo de más de 300 páginas. Ah, y cabe aclarar, por si alguien no lo supiera a estas alturas, que este no es el libro del que parte la película homónima de Roland Emmerich, por mucho que en una de las webs dependientes de la editorial así lo sugieran. 2012 (ésta 2012) es una novela diseñada para aficionados a lo magufo, a quienes, de todas formas, les sugiero que se salten este tipo de sucedáneos y acudan directamente a las fuentes. Las encontrarán muy cerca.



Reseña publicada originalmente en StarDust.


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