El sello Alamut acaba de reeditar, más de veinte años después, en un formato más lujoso que el de su primera publicación, la que a mi entender es la obra maestra de M. John Harrison. La nueva edición es en tapa dura e incluye el ensayo que escribí sobre la novela para el primer volumen de la revista Jabberwock, un texto que, años más tarde, puse a disposición de los lectores del blog en una sucesión de cuatro entradas. En él hacía un breve repaso a la historia de la ciencia ficción y explicaba los motivos por los que Luz me parecía (y sigue pareciendo) un magistral punto de encuentro entre la ortodoxia del género y los modos creativos con los que la literatura convencional ha incorporado definitivamente la cf a su catálogo en este siglo.
Desde mi primer encuentro con la obra del británico he intentado hacerme con todo lo que de él se ha ido publicando en castellano, una gran parte en edición argentina, guardando las lecturas para períodos de claridad mental en los que poder acometer las complejidades de una creación que cuenta con una notable escritura y una gran sofisticación. A estas alturas, sin albergar duda alguna, coloco a M. John Harrison en el mismo nivel que a J. G. Ballard. No cuenta con su capacidad visionaria, pues sus obsesiones y tratamientos son otros, pero es tenedor de una excelencia y alcance literarios que, para mí, le sitúan en la misma órbita. Harrison pertenece a ese tipo de escritores que, pronto en su carrera, encuentran su propia geografía literaria y que, una vez asentados, retornan una y otra vez a sus claves creativas para explorarlas y profundizar en ellas desde nuevas perspectivas. Como William Gibson, Philip K. Dick, Christopher Priest o el mismo Ballard, con quien además compartió espacio en la revista New Worlds de Moorcock, en tiempos de la new wave inglesa. El sello de Harrison es siempre reconocible, esa mirada distinta que busca siempre lo que se esconde tras la realidad, en planos de existencia solapados, más entreverados que ocultos.
Duele que una parte importante de su producción aún no haya sido publicada en español. Grandes libros como Climbers, una novela de alpinismo alabada por la crítica generalista, la inclasificable Signs of Life o Empty Space, conclusión de la Trilogía del Canal Kefahuchi que comenzó con Luz, tampoco han sido traducidas. Afortunadamente, lo más lógico es que veamos publicada próximamente su última novela, The End of Everything, un postapocalíptico que se apoya creativamente en uno
de sus cuentos anteriores, La crisis, publicado en la antología "Deberías venir conmigo ahora". Pertenece a ese tipo de libros deudores de Picnic junto al camino, el clásico de los hermanos Strugatski, en cuanto a la existencia de una zona en la que una realidad fluctuante ha sido infectada por alienígenas intrusos y extraños objetos extraterrestres que algunos humanos recolectan con distinto resultado. Algo parecido podía verse en Nova Swing, la continuación de Luz, y en muchos de sus cuentos. Precisamente, es este tipo de escenario inestable donde Harrison suele colocar sus ficciones, indagando en los cruces de realidades y los efectos que estas tienen en el interior de sus personajes.
Decía que seguramente veremos esta novela traducida al castellano porque acaba de ser incluida en la short list del Booker Prize de este año. Si se alzara con la victoria, Harrison se convertiría, con 81 años, en el premiado de mayor edad, relevando a Margaret Atwood, otro gran nombre de la ciencia ficción que lo ganó con 79. Sería una tremenda alegría para sus lectores, y también, en mi opinión, un caso de justicia. Aunque no se le otorgara el premio, su pertenencia a esta lista, cuyos libros siempre acabamos viendo publicados en las majors españolas, aseguraría el interés de editoriales que no deberían dudar en publicarlo.
Enhorabuena, Mike, estamos todos de suerte.
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