martes, 22 de mayo de 2007

Mundos y demonios, en Gigamesh


Acaba de salir a la venta, con un retraso más que considerable, el número 44 de la revista Gigamesh, un especial dedicado a la escritora norteamericana Ursula K. Le Guin. Ensayos y críticas acercan al lector a la obra de la que es, seguramente, la mejor escritora que haya dado el género de ciencia ficción en su historia. Su depurado estilo literario y la fuerte carga ideológica contenida en sus obras, así como su compromiso con la igualdad de derechos, han convertido a la autora de novelas como Gigamesh nº44La mano izauierda de la oscuridad, Los desposeídos o El nombre del mundo es bosque y de las trilogías de Terramar en uno de los autores del género fantástico mejor considerados por la crítica generalista. Este volumen representa, por otra parte, la dignísima despedida de quien ha llevado con mano maestra el timón de la revista durante los últimos años, su ya ex-director Juan Manuel Santiago.
Si tienen la suerte de hacerse con un ejemplar, dentro de la sección de críticas literarias dedicada a las novedades (es un decir) pueden encontrar aquella que para la novela Mundos y demonios escribió hace tiempo una persona con un estilo de escritura muy similar al mio. La obra de Juan Miguel Aguilera supone la espectacular continuación de la bilogía más famosa de la ciencia ficción española, escrita a medias con Javier Redal y compuesta por Mundos en el abismo e Hijos de eternidad. Un hito en la historia de nuestro género, una maravilla de cuya publicación, por cierto, se cumple el vigésimo aniversario el próximo año. La magnitud de la obra exige un homenaje en consonancia.

viernes, 18 de mayo de 2007

De aniversarios y heteronimias



El día 13 de este mes Literatura en los talones cumplió un año en la Red. Es un hecho que el crecimiento siempre lleva aparejados cambios, así que he decidido que el bueno de Ben no volverá a aparecer nunca más. Su vida ha sido más breve aún que la de Alberto Caeiro, pero puede descansar satisfecho, porque ha cumplido con creces la labor para la que fue engendrado.
Aunque no lo olvidaré, sí echaré de menos su ilusión. Y de vez en cuando, como en la segunda parte de la entrada anterior, mis reflexiones supurarán una cierta nostalgia, un desencanto por el cambio de los tiempos que será realmente el suyo.


jueves, 17 de mayo de 2007

Nuevos tiempos

Al margen de los pequeños y esperados "acordes y desacuerdos" que pueda tener con la selección realizada por el jurado del Premio Xatafi-Cyberdark en esta edición (echo en falta Lunar Park, pero comparto la misma inclinación por los cuentos elegidos de Yoshimoto y Cubas), la composición de una categoría en concreto me ha empujado a realizar una breve reflexión. El sexteto que se disputará la consideración de mejor libro de ficción español es el siguiente:

El sueño de la razón, de Juan Miguel Aguilera (Minotauro)
Franco. Una historia alternativa, de Julián Díez (selecc.) (Minotauro)
Parientes pobres del diablo, de Cristina Fernández Cubas (Tusquets)
Juglar, de Rafael Marín (Minotauro)
Señores del Olimpo, de Javier Negrete (Minotauro)
Jitanjáfora, de Sergio Parra (AJEC)


De los seis nominados, cuatro han sido publicados por la editorial Minotauro. Que una gran editorial publique en un solo año tantos libros españoles de género fantástico -escritos además por autores provenientes del fandom, mundillo o como quieran denominarlo- resulta inaudito. Un fenómeno inédito. No deja de ser paradójico, a pesar de su previsibilidad, que semejante labor de potenciación se circunscriba casi exclusivamente a la fantasía hispana (el dinero hoy está en la fantasía), mientras que por otro lado, el premio Minotauro se haya instituido en puntal del declive de nuestra ciencia ficción. El efecto llamada del premio, el mejor dotado económicamente del mundo en literatura fantástica, ha animado a todo aquel proto escritor de cf con el talento suficiente a mudarse a aquellos géneros que han primado en el fallo del jurado en sus cuatro ediciones -fantasía y terror gótico de vampiros-, y a buscar un tipo de literatura que bonifica la posibilidad de venta y sitúa la potencialidad comercial sobre las cualidades formales.
Si ya en la edición del año anterior hubo una cierta polémica entre los miembros del jurado porque Juglar, la novela de Rafael Marín, gozaba de mayor empaque literario que Señores del Olympo, la novela ganadora escrita por Javier Negrete, la victoria de este año es aún más fiel a un planteamiento editorial que Fernando G. Delgado, miembro del jurado, hizo evidente al declarar, según se puede leer en Sedice, que, aunque había otra obra con más "méritos literarios", ganó Gothika, de Clara Tahoces, por ser la que "más se ajustaba al sentido del premio".
Si queda aún algún romántico que quiera intentar el asalto al citado premio con una obra de cf, mi consejo es que no dude en abrazar, como ya ha hecho gran parte de los autores norteamericanos, esa pujante hibridación denominada tecno thriller, porque sólo siendo un best seller (el carácter científico es lo de menos) va a poder llevarse el premio una novela de este género. Lo que desemboca, precisamente, en el tema del que en realidad quería hablar, un hecho que actualmente pasa por mera anécdota pero que hace apenas una década hubiera armado una revolución.
Zig Zag, el thriller científico de José Carlos Somoza, ha sido publicado en EE.UU. y figura como novedad en la Zig Zag, de José Carlos Somozapágina web de la revista Locus, junto a las últimas obras de John Scalzi o Martin H. Greenberg. En los años 80 y principios de los 90, la noticia de la traducción de un libro de ciencia ficción española al inglés, y su presentación entre obras norteamericanas se habría constituido en tema de alborozo y debate tanto en revistas como en las diversas tertulias. Hoy ni siquiera es un hecho reseñable.
No pude hacerlo cuando se tradujo Clara y la penumbra (allí The Art of Murder) el año pasado, pero dado que ahora tengo la oportunidad, quería dejar constancia de algo que hace apenas un par de lustros hubiera sido considerado una proeza. No creo que sea la baja calidad de la novela el motivo del ninguneo, sino el cambio brusco que de unos años a esta parte ha sufrido el género y sus seguidores en este país. ¿Sobreabundancia? ¿Desgana? ¿Es, tal vez, una cuestión de carnet de identidad literario? Si el autor procediera del fandom, quizás los aficionados estarían tirando cohetes y celebrando la victoria de uno de los suyos. O quizás, vista la realidad de estos nuevos tiempos, no.

jueves, 10 de mayo de 2007

II edición del Premio Xatafi-Cyberdark. Candidatos

Este es el comunicado con el que la Asociación Cultural Xatafi ha hecho pública hoy la lista de aspirantes a llevarse los Premios Xatafi-Cyberdark en sus diferentes categorías:



La Asociación Cultural Xatafi anuncia el listado de candidatos a los Premios Xatafi-Cyberdark de la crítica de literatura fantástica 2007, concedido a las mejores obras de literatura fantástica, ciencia ficción y terror editadas el año anterior, según el criterio de un jurado compuesto por Ignacio Illarregui Gárate, J. Fidel Insúa, Cristobal Pérez-Castejón, Juan Manuel Santiago, Javier Vidiella, Mariano Villarreal y Arturo Villarrubia.

LIBRO DE FICCIÓN ESPAÑOL:

El sueño de la razón, de Juan Miguel Aguilera (Minotauro)
Franco. Una historia alternativa, de Julián Díez (selecc.) (Minotauro)
Parientes pobres del diablo, de Cristina Fernández Cubas (Tusquets)
Juglar, de Rafael Marín (Minotauro)
Señores del Olimpo, de Javier Negrete (Minotauro)
Jitanjáfora, de Sergio Parra (AJEC)

RELATO NACIONAL:

"La fiebre azul", de Cristina Fernández Cubas (Parientes pobres del diablo, Tusquets)
"Camino del cielo", de Santiago Eximeno (Franco. Una historia alternativa, Minotauro)
"Huerto de cruces", de Santiago Eximeno (Paura 3, Bibliópolis)
"Arquitectura fascista", de Ramón Muñoz (Franco. Una historia alternativa, Minotauro)
"Víctima y verdugo", de Eduardo Vaquerizo (Artifex Tercera Época 3, Bibliópolis)

LIBRO DE FICCIÓN EXTRANJERO:

Axiomático, de Greg Egan (AJEC)
Las mentiras de Locke Lamora, de Scott Lynch (Alianza)
El río de los dioses, de Ian McDonald (La Factoría)
El atlas de las nubes, de David Mitchell (Tropismos)
Kafka en la orilla, de Haruki Murakami (Tusquets)
Sueños nuevos por viejos, de Mike Resnick (Alianza)

RELATO EXTRANJERO:

"Agenesia congénita de la ideación sexual, por K.N. Sirsi y Sandra Botkin", de Raphael Carter (Gigamesh nº 43, Gigamesh)
"El diario de cien años luz ", de Greg Egan (Axiomático, AJEC)
"Aprendiendo a ser yo", de Greg Egan (Axiomático, AJEC)
"Mwalimu en el cuadrilátero", de Mike Resnick (Sueños nuevos por viejos, Alianza)
"En grupo", de Robert Silverberg (Gigamesh nº 43, Gigamesh)
"Una experiencia", de Banana Yoshimoto (Sueño profundo, Tusquets)

INICIATIVA EDITORIAL:

La Biblioteca del Laberinto, por su recuperación de obras
Cátedra, por Cuentos fantásticos de la España del realismo (Juan Molina Porras, ed.)
Espasa-Calpe, en conjunto, por varios libros anotados y críticos
Fundación José Antonio de Castro, por Obras literarias en castellano, en dos volúmenes, de Álvaro Cunqueiro
Planeta-De Agostini, por «Biblioteca de Ciencia Ficción», de distribución en quioscos
Valdemar, por Danza Macabra, de Stephen King

Los ganadores se harán públicos durante la cena de la AsturCon, el 7 de julio de 2007. Los premios están dotados de una remuneración económica aportada por la librería virtual Cyberdark (http://tienda.cyberdark.net/), y consistente en 350 € para el libro de ficción español y 150 € para el relato español.

lunes, 23 de abril de 2007

Día del Libro en la Cuesta de Moyano

La nueva Cuesta de Moyano
Un año más, 23 de abril. Siempre, desde que tengo memoria de ello, he celebrado el Día del Libro una jornada antes. No, no se trata de otro de esos síntomas de ansiedad que acucian a los que padecemos el virus de la lectura. La explicación es más simple: el 22 de abril cumplo años, así que, sin esperar a esa efeméride festiva anual que conmemora la muerte de los dos escritores universales más ilustres, emulo a Woody Allen y tomo el dinero y corro. Hacia mis librerías habituales o, si cae en fin de semana, hacia la Cuesta de Moyano.
Ubicado en esa popular rúe desde 1925, este mercado de libros fue durante el pasado siglo y es, todavía, uno de los lugares de encuentro preferidos por los aficionados. En él se pueden encontrar aún libros a precios realmente económicos entre los que, ocasionalmente, aparecen algunas raras piezas largo tiempo buscadas. Ir a primera hora de la mañana y gastar el tiempo en hurgar entre las numerosas mesas y estanterías constituye una delicia para cualquier bibliófilo.
Hace tres años, los puestos de la Cuesta fueron trasladados no muy lejos, a Recoletos, y allí han permanecido durante el período que han durado las obras de peatonalización*. Esta semana, precisamente, se ha efectuado por fin el retorno. Lo cierto es que casi ha merecido la pena, pues la calle ha quedado franca al paso de peatones, sin vehículos ni obstáculos, con lo que ya se puede pasear arriba y abajo, en paralelo a la línea de los puestos. También se ha traído desde el Retiro la estatua de Pío Baroja, un detalle que da, si cabe, más personalidad al entorno. Los alcorques, aunque vacíos y llenos de tierra roja, siguen presentes, supongo que para una futura plantación de árboles que ofrezcan sombra, tal como antes.
Quizás echen de menos el fresquito del Jardín Botánico, pero no creo que los libreros se quejen mucho por la vuelta al antiguo emplazamiento. Lo cierto es que entre el lavado de cara y los viejos atributos, disfruté mucho del paseo, y finalmente, aunque no encontré ningún tesoro anhelado, sí me hice con un par de novedades, que era otro de los objetivos. Así pasé mi Día del Libro.
Ahora, si me disculpan, les dejo, que he quedado para celebrar la Noche de los Libros.


* Quien quiera comprobar que el castellano es una lengua viva en constante evolución, que busque el capítulo titulado "Peatonal" en El dardo en la palabra, la divertida antología de artículos escritos por Fernando Lázaro Carreter. El autor carga sin piedad contra el uso de un vocablo que, sin embargo, se ha convertido en pocos años en insustituible.

viernes, 20 de abril de 2007

Meme para lectores



Iba a dedicar esta entrada a la concesión del premio Pulitzer de novela 2007 a The Road, el post apocalíptico de Cormac McCarthy al que ya me referí en el pasado, y a lo que significa en la ya innegable normalización del género de ciencia ficción. Iba a hacerlo, lo prometo, pero al final he decidido postergarlo para responder a la amable "invitación" de Juanma Santiago, quien desde su blog ha lanzado un meme especialmente dirigido a los aficionados a la lectura. Consiste en dar a conocer el segundo párrafo de la página 139 del libro que se esté leyendo en esos momentos.
Ahí va:


El defecto de las historias de Cristo, decía el visitante del espacio, estaba en que era en realidad el Hijo del Ser más Poderoso del Universo, aunque pareciera un don nadie. Y los lectores así lo veían, de manera que cuando llegaban al momento de la crucifixión pensaban (y Rosewater leyó en voz alta nuevamente):¡Esta vez han metido la pata al escoger a ese tío para lincharle!


Fácil, ¿verdad? Me parece que a Alex, si llega a leer esto, le va a resultar divertido y curioso. Aprovecho la coyuntura, por cierto, para dar a continuación rienda suelta a mi gusto por las anécdotas intrascendentes.
Resulta fascinante cómo nuestro cerebro trata a veces de facilitarnos las cosas llegando incluso a falsear la realidad. El planeta en el que retienen al protagonista de esta novela se llama Tralfamadore. Sin embargo, en muchas de las reseñas y menciones dedicadas al libro en estos días, diferentes personas se refieren a él como Trafalmadore. El hecho de que sea menos complicada la lectura y pronunciación si se coloca la ele en la segunda sílaba conduce al error, de tal modo que, aun revisando el texto varias veces, puede parecer que está correctamente escrito. ¿Alguien en la sala conoce el nombre científico de este fenómeno?
Para cumplir con la etiqueta, infecto con este meme, que se propaga cual virus maligno, a mi amigo Jorge. Que aproveche.

miércoles, 18 de abril de 2007

Mirrorshades, en Hélice


Ya tienen a su disposición la tercera entrega de la imprescindible revista digital Hélice. Como en números anteriores, críticas y artículos de actualidad profundizan en los vericuetos del género fantástico, siempre desde una perspectiva seria y respetuosa con lo literario. Pueden leer la reseña dedicada a Mirrorshades, una antología ciberpunk con tanta confianza como si hubiera aparecido en este blog.

martes, 17 de abril de 2007

Samuel Beckett. Esperando a Godot

Esperando a Godot
En 1961, el International Theatre Institute, ONG vinculada a la UNESCO, creó el Día Mundial del Teatro, evento que desde entonces se celebra todos los años el 27 de Marzo. No pude en su día, pero hoy he querido sumarme al festejo dedicándole esta entrada a una obra reciente (tratándose de teatro, 50 años no es nada) de fama universal. Quería elegir algo actual, algo que estuviera en consonancia con los momentos que hemos vivido en la política española últimamente, así que recurrir al Teatro del Absurdo era casi obligado, si no por fondo, sí por denominación.
El nombre de este estilo dramático constituye una perfecta definición de su contenido. La vacuidad, la reiteración de diálogos sin profundidad y las situaciones carentes de lógica conforman la materia que da aliento a sus obras. Se trata de la derivación escénica del existencialismo, cuyo objetivo ideológico se centra en la ausencia de sentido de la vida y el proceder humanos. Junto a Eugène Ionesco, el irlandés Samuel Beckett fue uno de sus máximos representantes y Esperando a Godot una de sus principales aportaciones.
En el escenario, a lo largo de dos únicos actos, sólo cinco personajes. Dos principales, Vladimir y Estragon, presentes en toda la función; otros dos en repetida visita, Pozzo y Lucky; y un quinto, el muchacho, de presencia fugaz. Los protagonistas conversan futilmente, la mayor parte de las veces sin sentido, repiten frases, matan el tiempo tontamente y se limitan a simplemente estar mientras esperan a un tal Godot. Su hastío e inanidad sólo es interrumpido por la visita de un tiránico personaje que lleva a su sirviente atado a una larga cuerda. Tras repetidos intentos nada fructíferos, sólo logran sacar de su abulia al servidor cuando le ordenan pensar y éste lo hace en voz alta, en un discurso falto de lógica o intención alguna, un sinsentido de términos que no conduce a ninguna parte. El acto acaba con la marcha de los dos visitantes y la aparición de un muchacho que informa de que Godot ya no vendrá hoy, pero sí mañana. Acto seguido, llega la noche. En el segundo acto se da una repetición sustancial del primero, con escasas diferencias en el transcurso de los acontecimientos.
El tedio existencial y la imposibilidad de cambiar las cosas constituyen el mensaje dominante en toda la obra. En apoyo de tales principios, algunos detalles aislados van sumando significados más pequeños a la gran idea central. La relación de los dos protagonistas, por ejemplo, bordea la conyugalidad, hecho que sugiere el desgaste de las relaciones maritales y su trayectoria descendente. Uno de los dos es adaptable a las novedades, mientras que el otro siempre responde igual. Por otra parte, tanto el explotador Pozzo como el explotado y abúlico Lucky se prestan a una identificación de roles sociales harto conocidos.
El absurdo continuo y la repetición de diálogos provoca de forma inevitable una cierta comicidad, como en la escena del intercambio de sombreros o en el continuo toma y daca dialéctico. O en la verborrea inesperada de Lucky. Seguramente el lector, y sobre todo el espectador, Samuel Becketttendrán tiempo de aprehender pequeños, efímeros significados ocultos en algunas ocasiones, aunque la realidad del conjunto se impone finalmente, un todo en el que hasta la estructura, simple repetición de la nada, juega al servicio de lo exangüe.
En el anecdotario cabe resaltar que Beckett llevó su triunfo más allá de lo esperado. Puede, sin duda, dar fe como pocos de que, una vez lanzada al mundo, la obra cobra vida propia y crece hasta independizarse del padre, adquiriendo en el proceso significados ajenos a los que aquél quiso darle. La crítica ha querido a lo largo de los años reconocer a Dios en el misterioso Godot, una explicación metafórica para ese personaje divino al que todos esperamos y que nunca aparece. El irlandés se hartó en vida de negar semejante interpretación, sin lograr resultado alguno.
Aun siendo un apasionado de la lectura, siempre he reconocido que el teatro existe para ser contemplado y escuchado. Experimentarlo en directo aporta sensaciones que la lectura es incapaz de hacer llegar al lector. Sospecho (no he podido ver la obra) que Esperando a Godot, como aparato conceptual, aumenta considerablemente su impacto en vivo.


sábado, 7 de abril de 2007

Palabras obsolescentes

Palabras
La Escuela de Escritores y la Escola d'Escriptura del Ateneo de Barcelona han propuesto un ejercicio de celebración del Día del Libro consistente en apadrinar palabras que, por diferentes razones, han ido cayendo poco a poco en el olvido y que, sin embargo, nos son caras debido a que guardan un significado especial para nosotros. Yo me voy a tomar la libertad de proponer en vez de una, dos.
La primera ya apareció por aquí en una entrada reciente. Se trata de "troje". Era el nombre con el que mi abuela se refería al pequeño ático de la casa del pueblo, un lugar mágico de mi infancia y primera adolescencia donde pasé horas y horas perdido en los maravillosos (y a veces terribles: gracias H. P.) mundos perdidos más allá del papel.
La segunda procede de un pasado algo más reciente. Me gusta porque siendo prácticamente un calco de una palabra con la que no me llevo muy bien (tan parecidas son que se cruzan error ortográfico mediante), viene a significar justamente lo contrario. Se trata de "exotérico".

martes, 3 de abril de 2007

Kafka en la orilla, en C

Lo mejor de 2006
Se ha publicado en C, el hijo de cyberdark (enlace a la derecha) el interesante artículo Lo mejor de 2006, una lista compuesta por reseñas breves en la que se incluyen los que, a juicio de una serie de amigos de C, han sido los mejores libros del género fantástico editados en España a lo largo del pasado año. Una de esas reseñas pertenece a ya saben quién, y constituye un buen complemento de la crítica sobre el libro de Haruki Murakami publicada en el nº 2 de la revista Hélice.