jueves, 15 de febrero de 2007

IV Premio Minotauro



Se ha fallado el premio Minotauro en su cuarta edición. La obra ganadora es una historia de vampiros titulada Ghotika, de la escritora Clara Tahoces. Me estoy planteando hablar largo y tendido sobre este premio y su ya clara influencia negativa para la ciencia ficción española. Mientras me decido, pueden leer la nota de prensa que ha hecho pública la editorial Minotauro en el siguiente enlace.

Premio Minotauro

lunes, 12 de febrero de 2007

Andrew Sean Greer. Las confesiones de Max Tivoli

Me produce una satisfacción especial rescatar esta reseña, pues pertenece a una de esas novelas con las que uno se encuentra contadas veces. Un auténtico disfrute y sin duda lo mejor que leí en todo el año 2004.



Las confesiones de Max TivoliLa literatura general lleva mucho tiempo acudiendo en continuado oleaje al género fantástico para enriquecer con sus premisas sus principales obras. Andrew Sean Greer lo bordeó de manera tangencial en su primera novela, The Path of Minor Planets, y ha acabado por sumergirse en él del todo en esta joya de la literatura titulada Las confesiones de Max Tivoli. El autor, a quien Michael Cunningham califica como devastador y John Updike compara con Nabokov o Proust, se ha servido de un elemento genérico de fondo y un estilo literario genuinamente decadentista para indagar en los laberínticos recovecos del amor.
Max Tivoli, hijo de un misterioso hombre procedente de las oscuras tierras danesas, viene al mundo con una extraña particularidad. Recién nacido, su aspecto es el de un hombre de 70 años, y aunque mentalmente evoluciona en el sentido correcto, físicamente su cuerpo experimenta una regresión progresiva hacia la juventud y, aún más allá, hacia la niñez. En primera persona, a modo de diario retrospectivo, Max relata desde su cuerpo infantil los avatares de su existencia, especialmente su relación con Alicia, el amor de su vida, y con Hughie, su mejor amigo. Desde una melancólica resignación, el protagonista hace partícipe al lector de cómo su enfermedad ha condicionado el desarrollo de su vida, consagrada a un único amor.
En esencia, Las confesiones de Max Tivoli es un emotivo adagio inspirado por un anhelo inalcanzable, escrito con una sensibilidad exquisita que hurga con delicadeza en esa soledad a la que nos abocan la ignorancia del sentimiento ajeno y la tiranía del punto de vista propio. Toda la narración está pensada por Max Tivoli, desde la subjetividad equivocada del monstruo, y por ello el lector entrevé cosas que él ignora, vislumbra el sufrimiento de los otros más allá de su lastimoso monólogo. Este libro es, ante todo, una delicatessen que se degusta con placer, en la que uno se sumerge deliciosamente con la laxitud propia de a quien no molesta el paso del tiempo. Una exquisitez dirigida a paladares exigentes, que gusten del buqué de la buena literatura, de la literatura eterna.

jueves, 8 de febrero de 2007

III Encuentro de Novela Negra

III Encuentro de Novela Negra de Barcelona En Barcelona se celebra estos días el III Encuentro de Novela Negra, evento del que pueden ustedes obtener toda la información con sólo acercarse a la página web de los organizadores.
Es una ocasión excelente para sumergirse en el mundo de la literatura de género, tanto negro como policíaco, ramas de un mismo tronco que, a pesar de compartir cierta consanguineidad, no son la misma cosa. Para conocer más a fondo ambas vertientes, les aconsejo que echen un vistazo a la web cuyo enlace tienen ustedes a continuación, lugar de visita imprescindible para todos los amantes del noir: La Gangsterera.

sábado, 3 de febrero de 2007

Cristina Fernández Cubas. Parientes pobres del diablo

De nuevo un libro que no merecía figurar en este blog sólo por un asunto anecdótico, aquel de las ilustraciones análogas. Estamos ante el primer autor español (así, en general) que viene a visitarnos, así que prestémosle toda la atención que se merece. He aquí un libro corto, casi de descanso. Parientes pobres del diablo se asemeja en brevedad y fisonomía a Sueño profundo, la recomendable antología de Banana Yoshimoto editada también por Tusquets. Consta de tres cuentos largos (o nouvelles, en registro afrancesado) que tocan temáticas diversas, pero que comparten un denominador común, el de la respuesta humana ante el elemento sobrenatural. Tres historias en las que el encuentro de los personajes con lo fantástico provoca reacciones de signos opuestos: aceptación, repudia e indiferencia.

Un comerciante sufre en África los efectos de una extraña maldición al alojarse en un pequeño hotel en apariencia tranquilo y confortable. Un joven de buena familia decide emplear su tiempo y sus viajes en investigar una casta humana nacida para el mal, perfecta encarnación de lo diabólico. Una anciana suspicaz, temerosa de que sus familiares la ingresen en una residencia, atribuye a un «simpático» moscardón su alteración de rutinas y el reencuentro con viejas compañeras de colegio, con las que revive —¿o transforma?— escenas del pasado.


La narrativa de Cristina Fernández Cubas gana con la distancia; cuando no se tiene el texto delante, éste comienza a adquirir profundidad. Su estilo, de una gran pulcritud, ha hecho del alejamiento narrativo, tal como se indica en laParientes pobres del diablo contracubierta, su virtud principal. Sin embargo, lo que en autores como J. G. Ballard revierte en un extrañamiento enriquecedor, en Cubas se constituye en una excesiva frialdad que hace muy difícil la empatía e identificación con los personajes. Es más tarde, cuando se deja pasar el tiempo y se reflexiona sobre lo leído, cuando la narración comienza a sugerir implicaciones que se habían pasado por alto.
"La fiebre azul" abre la antología y es, para mi gusto, el cuento de mayor calidad. Los párrafos dedicados al hecho sobrenatural con que se topa el protagonista, su encuentro con la esencia de sí mismo en el oscuro cuarto de un motel, traen a la memoria al Mauppassant más terrorífico. Es un cuento de rasgos metafóricos que muestra, en clave de autodescubrimiento, el hastío tanto familiar como personal de un estafador profesional travestido de burgués. Las descripciones africanas, tan someras como sobrias en el estilo sin adornos de Cubas, ofrecen la información justa para situar a personajes y hechos (principal preocupación de la autora) en un entorno que, debido a esa racanería descriptiva, podría haber transcurrido en cualquier otro sitio de haber elegido un par de sustantivos distintos. El hogar, tal como descubrirá finalmente el protagonista, no está donde uno decide, sino donde uno se lo encuentra.
"Parientes pobres del diablo" da título al libro y se presenta como el más ortodoxo de los tres cuentos. Lejos de gustarme, me ha parecido incluso el más flojo debido a su prebisibilidad. Es el único cuento de los tres que busca con firmeza un desenlace lógico, una conclusión sorpresa que resulta tan previsible que defrauda. Quizás porque Lovecraft ya describió, hace casi un siglo, el sobrecogimiento inicial y asunción posterior de quien se descubre miembro de una especie maldita.
"El moscardón", sin embargo, se declara tan críptico que es quizás el que más gana en la meditación posterior. Cabos aparentemente sueltos y misteriosas apariciones del pasado parecen erigirse en protagonistas de la historia, pero no son mas que elementos al servicio del verdadero tema que trata este misterioso cuento, que no es otro que la naturaleza perecedera de la memoria.
En todo caso, se trata de un libro recomendable por su estilo equívocamente llano, puesto al servicio de enigmáticas tramas que invitan a ejercitar el cerebro, a preguntarse por posibles significados. Cristina Fernández Cubas ha desarrollado con los años la capacidad que sólo poseen los grandes escritores: hacer pensar.

domingo, 28 de enero de 2007

Cantos de sirena


Ulises y las sirenas. de Herbert James Draper

El completismo es el hijo perverso del coleccionismo. En vez de considerarse un hobby o un ejercicio de realización personal, debiera ser reconocido como una peligrosa costumbre de alta virulencia. Cuando uno deja que los impulsos primarios se impongan al sentido común suele acabar siendo presa de una posterior insatisfacción. Sobre todo cuando el dinero está de por medio, algo que, tratándose de libros, es como decir siempre. Cierto es que algunas veces ese afán por tenerlo todo de una colección, autor o temática proviene de un proceso lógico basado en satisfacciones anteriores, pero desgraciadamente, en la mayoría de los casos esa promesa de felicidad no es tal, sino una necesidad perentoria que no se sabe muy bien de dónde procede.
En realidad, esa atracción se corresponde más con los cantos de sirena homéricos, aquellos que prometían paraísos pero otorgaban perdición. Saco el tema debido a una epifanía que me sobrevino ayer, cuando ya tenía el dinero en unaCuentos completos I, Minotauro mano y el tercer volumen de los Cuentos completos de Philip K. Dick en la otra. Ver el libro, cogerlo sin ojearlo siquiera y sacar la cartera fueron un solo hecho del que, por cierto, no tuve constancia hasta algo más tarde, cuando a medio camino del mostrador me obligué a reflexionar. El caso es que, si se mira el asunto por encima, todo animaba a la compra. "Se trata de Dick, son apenas 20 euros al año y además ya tienes los dos anteriores. Qué puñetas, recordando otras bazofias que has comprado, hacerte con éste es casi una cuestión de justicia", me dije a mí mismo. Sin embargo, al aplicar un poco de sensatez, lo ventajoso de la operación dejaba de estar tan claro.
El sello Minotauro comenzó con la publicación de los Cuentos completos de Dick en 2005, y hasta el momento ha ido lanzando al mercado un volumen al año. El problema que presentan las obras completas, sean cuales sean el autor y el género, es que contienen tanto lo bueno como lo malo. Es siempre preferible una selección de lo mejor en cada campo, y si se puede elegir al antologista, miel sobre Cuentos completos II, Minotaurohojuelas. Hay casos en los que toda la obra corta de un autor puede ser contenida en un solo volumen; entonces sí merece la pena, porque por el mismo precio y un poco más de grosor tendremos no sólo las obras de más calidad, sino todas sin excepción, entre las que puede esconderse alguna perla no apreciada con justicia por los críticos. No me arrepiento, por ejemplo, de haber adquirido recientemente de esa forma los Cuentos completos de Flannery O'Connor o de Katherine Mansfield. Al fin y al cabo se trata en ambos casos de un solo libro. Sin embargo, el asunto que nos ocupa es muy distinto.
Esta obra completa consta de cinco volúmenes, y cada uno de ellos supera las 400 páginas. Hablamos de más de 2000 páginas en las que hay cuentos de todo tipo y calidad. Siendo honesto, sé que me va a costar mucho acabar el primer volumen, y sería un milagro lograrlo con el segundo. Ambos recogen la primera etapa de un Dick que ofrecería sus obras más importantes a partir de los 60, una década después. Por otra parte, a pesar de que la ciencia ficción (literatura de ideas para algunos críticos) se siente más cómoda en la distancia corta, siempre he preferido las novelas a los cuentos. En este caso, además, no se trata de unCuentos completos III, Minotauro escritor que destaque por su estilo y al que se pueda disfrutar simplemente desde la satisfacción estética. Es decir, que, por todos esos motivos, tuve que admitir en ese momento que jamás llegaría a leer el volumen que tenía en las manos. A lo sumo acudiría a un par de cuentos cuando se presentara alguna ocasión coyuntural en el futuro. Me hice la siguiente pregunta: ¿Merece la pena gastar más de 100 euros entre todos los Cuentos completos, cuando además ya tengo otras antologías que incluyen sus mejores piezas cortas?
La respuesta fue "no".
Reconozco haberme sentido orgulloso al devolver el libro al estante. Incluso a pesar de que más tarde, cuando llegué a casa, me encontré con un nuevo problema derivado de mi decisión. Por decirlo de algún modo, ahora me estorbaban los dos primeros volúmenes, sabiendo que se quedarían solos, incompletos. Eso me produjo un picor difícil de rascar.


Apéndices:
Cuentos completos III, Martínez RocaA. Hay casos aún más extremos. Hay quien ya tiene los tres en la edición antigua de Martínez Roca (que no llegó a sacar los dos últimos), y aún así ha comprado los Minotauro para que hagan juego con los dos próximos volúmenes, inéditos en España.

B. Al margen de la reflexión personal, la edición de estas obra completas de Dick me parece, en todo caso, plausible. Necesaria incluso, pues se trata de uno de los autores imprescindibles del género de ciencia ficción.

C. Hoy he vuelto y lo he comprado. Quién creían ustedes que era, ¿Ulises?

martes, 23 de enero de 2007

Robert C. Wilson. Mysterium

Toca rescatar reseña, en este caso de Robert Charles Wilson, uno de los autores que mejor han sabido dar continuismo a la ciencia ficción tradicional de componente hard, aquella que convirtiera en clásicos del género a escritores como Arthur C. Clarke, Poul Anderson o Larry Niven. Canadiense de origen, Wilson siempre tiene algo interesante que ofrecer en sus novelas. Aunque muestra un interés preponderante por las ideas, jamás escatima recursos en la construcción de personajes. En comparación con su más afamado compatriota, Robert J. Sawyer, y sus ineficaces intentos de conjugar ambos elementos mediante el abuso de problemas personales y chascarrillos friquis, Wilson manifiesta ser un escritor de mayor empaque. Actualmente, es el último ganador del premio Hugo con la novela titulada Spin.

MysteriumAlgunas ideas son tan atractivas que pueden dar vida a varias historias distintas. Eso parece pensar Robert C. Wilson, de quien La Factoría de Ideas vuelve a publicar una de sus principales obras, la más importante si a los premios conseguidos nos remitimos. En Darwinia, el autor canadiense presentaba como punto de partida la sustitución, de la noche a la mañana, del continente europeo por una jungla desconocida, y las consecuencias que semejante desaparición provocaban en el resto del mundo. En Mysterium, obra anterior menos pretenciosa y sugerente pero mejor acabada, se encuentra en origen la misma idea, aunque enfocada desde la perspectiva contraria, la de los desaparecidos. Sin embargo, a pesar de compartir la misma premisa de salida -el cambio de lugar de un punto geográfico determinado-, ambas novelas se diferencian notablemente en sus argumentos y derivan temáticamente hacia horizontes distintos.
El traslado involuntario de ciudadanos de finales del siglo XX a un mundo atrasado de fuertes connotaciones religiosas y militares –una mezcla de nazismo e inquisición- otorgan a Wilson la posibilidad de realizar un ejercicio distópico que discurre en su mayor parte dentro de los límites de lo que podríamos llamar literatura de “campo de concentración”.
Al contrario que otros escritores del género, el canadiense opta por no recargar planteamientos ya descritos, cosa en la que podría haber incidido radicalizando la historia y convirtiéndola en una alegoría del Holocausto. Afortunadamente, se decanta por la sencillez argumental, y profundizando lo justo en la nueva sociedad que describe, huyendo del inútil relleno de decorados, dirige su atención hacia los personajes y, en ultima instancia, cerca del final, hacia el elemento hard de la historia. Un elemento que, por cierto, se antoja bastante simple y consta, como no, del obligatorio aderezo cuántico. El detalle curioso lo representa un paradójico personaje central, un agnóstico que alcanza su plenitud a través del gnosticismo helénico.
Mysterium es, sin más, una novela agradable de leer, sencilla y entretenida.


jueves, 18 de enero de 2007

Jinetes en la tormenta

Releyendo la entrada de hace un par de días, me doy cuenta de que por mucho que uno se afane en alabar el novelón y el buen hacer de McCarthy, nada logrará aproximarlo al lector tanto como su lectura directa. Así pues, ahí van un par de extractos de ese viaje sobrenatural a través del desierto, hacia el país infernal.

Decidieron cabalgar de noche, jornadas silenciosas salvo por el traqueteo de los carros y el resollar de los animales. Extraño grupo de ancianos bajo el claro de luna con los bigotes y las cejas teñidos de blanco por el crepúsculo. A medida que avanzaban, las estrellas se daban empellones y cruzaban el firmamento dibujando arcos para morir al otro lado de las montañas negras. Acabaron conociendo bien el cielo nocturno. Ojos occidentales que veían más bien construcciones geométricas que los nombres dados por los antiguos. Atados a la estrella polar daban la vuelta a la Osa Mayor mientras Orión aparecía por el suroeste como una enorme cometa eléctrica. La arena era azul a la luz de la luna y las llantas de los carros giraban entre las siluetas de los jinetes como aros relucientes que viraran y rodaran exangües y vagamente náuticos cual finos astrolabios, y las gastadas herraduras de los caballos eran como una plétora de ojos que parpadearan a ras del suelo del desierto. Vieron tormentas tan distantes que ni siquiera se las oía, silenciosos relámpagos como sábanas de luz y la negra espina dorsal de la cordillera parecía palpitar antes de ser engullida de nuevo por las tinieblas. Vieron caballos salvajes correr por la llanura, batiendo sus sombras en la noche y dejando a su paso en el claro de luna un polvo vaporoso, apenas una alteración cromática.

(...)


Aquella noche atravesaron una región salvaje y eléctrica en donde extrañas formas blandas de fuego azul corrían por el metal de los arreos y las ruedas de los carros giraban como aros de fuego y pequeñas formas de luz azul pálido iban a posarse en las orejas de los caballos y en las barbas de los hombres. Toda la noche fucilazos sin origen visible temblaron en el oeste más allá de las masas de cúmulos, convirtiendo en azulado día la noche del desierto lejano, las montañas en el repentino horizonte negras y vívidas y ceñudas como un paisaje de un orden distinto cuya verdadera geología no era la piedra sino el miedo. La tormenta se acercó por el suroeste y los relámpagos iluminaron el desierto a su alrededor, azul y árido, grandes extensiones estruendosas surgidas de la noche absoluta como un reino diabólico invocado de repente o tierra suplantada que no dejaría rastro ni humo ni ruina llegado el día, como no los deja una pesadilla.

Meridiano de sangre, Cormac McCarthy.

martes, 16 de enero de 2007

Cormac McCarthy. Meridiano de sangre

The RoadDos de los libros que más expectación despertaron en EE UU durante el último trimestre de 2006 fueron Against the Day, de Thomas Pynchon, y The Road, de Cormac McCarthy. Los dos escritores comparten una marcada aversión hacia la fama, especialmente el primero, de cuya existencia apenas da fe una borrosa foto de juventud. Se da la circunstancia, además, de que ambas novelas pertenecen al género fantástico: la de Pynchon -grueso volumen cuya historia se remonta a finales del s. XIX-, en el mismo (des)orden que El arco iris de gravedad; la de McCarthy -post apocalíptico americano de tendencia gore-, desde la más ortodoxa ciencia ficción.(1) Mientras espero a que Tusquets y Mondadori respectivamente (presumo) las traduzcan a la lengua de Cervantes, voy a hacer tiempo dedicándole esta entrada a una de las mejores novelas que un servidor haya leído jamás: Meridiano de sangre, del magnífico Cormac McCarthy.


Meridiano de sangre (Debolsillo)Estamos en los territorios de la frontera entre México y Estados Unidos a mitad del siglo XIX. Las autoridades mexicanas y del estado de Texas organizan una expedición paramilitar para acabar con el mayor número posible de indios. Es el llamado Grupo Glanton, que tiene como líder espiritual al llamado juez Holden, un ser violento y cruel, un hombre calvo, albino, sin pestañas ni cejas. Nunca duerme, le gusta tocar el violín y bailar. Viola y asesina niños de ambos sexos y afirma que nunca morirá. Todo cambia cuando los carniceros de Glanton pasan de asesinar indios y arrancarles la cabellera a exterminar a los mexicanos que les pagan. Se instaura así la ley de la selva, el terreno moral donde la figura del juez se convierte en una especie de dios arbitrario.

Hacen falta agallas para leer Meridiano de sangre. Adentrarse en sus páginas significa exponerse al horror sin ambages, visitar el infierno con el mismo Diablo como guía. Y a pesar de ello, es una experiencia que el lector avezado agradecerá durante el resto de su vida, porque la prosa de McCarthy ilustra esa azarosa singladura con imágenes de sobrecogedora e inolvidable belleza.
Fondo y forma, gótico y barroco, se conjugan para ofrecer una obra de arte que exije un cierto esfuerzo al lector, una nimiedad si se evalúa la magnitud de la recompensa. El dominio que ejerce el escritor sobre el lenguaje irradia puro talento en todas sus facetas, ninguna fácil, ya que McCarthy ha construido con los años un estilo propio, desde el inconformismo y la Meridiano de sangre (Debate)experimentación, que glorifica y vulnera las normas narrativas establecidas a partes iguales. Como sus personajes, el escritor ha forjado su carrera en la búsqueda de nuevos horizontes, y es en esta novela, más que en el resto de sus incontestables obras (principalmente Sutree y las que componen la Trilogía de la Frontera) donde todas las fuerzas confluyen para producir un diamante de imposible belleza.
Los recursos que utiliza el autor podrían servir para elaborar un tratado de construcción literaria. Los diálogos, imbricados en la narración, carecen de signatura propia, se aparean con la acción de forma que los personajes se suman al paisaje, protagonista mayestático del libro. Las frases cortas, aceradas como cuchillos, potencian la acción cuando ésta es necesaria. Como contrapunto, las descripciones cuentan con un sofisticado andamiaje y con un vocabulario tan vasto como la tierra que fotografían. Esa construcción peculiar produce una sensación de exótica coreografía en frases y párrafos, rara característica en una prosa tan densa, tan compacta. El uso de los tiempos verbales escapa también de la norma, pues presente, pretérito y futuro se suceden sin solución de continuidad. Las númerosas metáforas y comparaciones se suman al tenebrismo de la historia para aportar una oscuridad tan terrenal como metafísica.

"Los carroñeros ocupaban los ángulos superiores de las casas con sus alas extendidas en posturas de exhortación como pequeños obispos oscuros."
El lenguaje que utiliza McCarthy es tan rico y poderoso, tan visual, que las imágenes parecen cobrar vida. Consigue en sus descripciones que los paisajes humano y geográfico se confundan entre ellos, dotados, por gracia de su escritura, de una épica y un lirismo que sin embargo son desmentidos por la crudeza de los hechos que se narran. Tal es su poder de persuasión que el lector sensible encontrará belleza en todo ese horror, e incluso poesía en la descripción de ese infierno. Un logro inaudito si atendemos a la historia en sí, pues en este salvaje y visceral western gótico, McCarthy hace parecer, en la comparación, tiernos infantes a la mayoría de escritores del género de terror. Resulta ocioso calibrar la magnitud del mal en una novela cuando el bien jamás está presente.
Meridiano de sangre se muestra demoledora en sus dos interpretaciones, realista y fantástica. La primera apunta hacia una visión crítica del pasado norteamericano. Mucho antes de que el cineasta Clint Eastwood desmitificara la visión edulcorada y heróica con que el medio fílmico había presentado asiduamente la conquista del oeste americano, McCarthy ya había sacado a la superficie una historia paralela a la oficial, varios grados más violenta y, en su pluma, mucho más verosímil. En esta novela, el autor se muestra tan persuasivo, con un conocimiento del escenario tan apabullante, que produce la sensación de haber viajado en el tiempo para describir directamente, desde ese punto de la Historia, una época tan terrible como hermosa.
Esta recreación del pasado salvaje está diseñada como una suerte de bildungsroman perverso. El adolescente protagonista, al que sólo se conoce como "el chaval"(2), recorre el camino del aprendizaje del horror desde una actitud cercana al autismo, aunque con los ojos bien abiertos. Su presencia ejerce de cámara objetiva con la que el lector puede observar desde fuera a Glanton, a sus hombres y al juez, y, sobre todo, admirar el desolado paisaje. Eso permite un distanciamiento Blood Meridian prologado por Harold Bloomcon respecto a los personajes que enriquece la perspectiva y que, ante lo depravado de sus actos, se revela incluso saludable. Los horrores con que se topa el chaval se multiplican tras el cruce de la frontera, a la que llega tras un largo viaje por un desierto terrible y fascinante, un paisaje sobrenatural tras el cual se encuentra un país que bien podría ser el infierno mismo. A partir de ese punto, el reino de lo macabro abre sus puertas: apaches embutidos en pieles humanas, caballos destripados, murciélagos que sorben la sangre de los heridos, árboles decorados con bebés muertos y, finalmente, el juez Holden, guía del Grupo Glanton al que se une el chaval, y junto al que masacrarán indios primero y todo ser viviente que se cruce en su camino después. El escuadrón de hombres recorre esa tierra extraña y terrible y acaba infectado por su maldad. El horror acaba cubriendo a sus componentes de igual forma que la cal del desierto cubre sus rostros y los integra en el infernal paisaje; vivo, oscuro, hostil. Lo que viene a continuación es una Odisea por tierras de sangre y muerte, un viaje sin retorno hacia el mal, errando por tierras ignotas cargadas de atavismos y violencia, volcanes, ciudades fantasmales muertas hace largo tiempo y cementerios indios. El hombre enfrentado al horror y el horror enfrentado al hombre.
Ese viaje no arroja más filosofías ni conclusiones morales que las dimanadas de los discursos del juez, proselitista sin disfraz de la maldad y oscuridad del mundo. Es este personaje, cuya identidad real es fácilmente identificable, quien da un vuelco al significado de la historia y permite descifrar su componente fantástico. La primera aparición de Holden(3) se produce en una iglesia en la que provoca el linchamiento del predicador. Su oratoria se cimenta siempre en un mensaje metafísico desesperanzador, amoral, elogioso con la violencia como sustancia esencial del hombre. El conocimiento que muestra en la fabricación de explosivos mediante el uso de azufre salva al grupo y le permite continuar su viaje sangriento; su paso por los distintos emplazamientos humanos siempre desemboca, sospechosamente, en desapariciones infantiles. Tal es la magnitud del personaje que, a pesar de que el libro se manifiesta como una recopilación de horrores explícitos, nada aterroriza más en su lectura que la escena final, en la cual, tras la misteriosa desaparición de una niña, el juez atrae al chaval al sitio más infecto. Al cerrarse la puerta, la imaginación se abre al espanto, tanto por lo que va a pasar allí como por la sugerida identidad del joven protagonista, que pudiera ser la antítesis bíblica del juez o, tal vez, el lector mismo.
Los dos personajes principales de la novela, el juez Holden y el paisaje, están al servicio de una violencia que infecta al hombre. Es difícil sacar una conclusión moral de una obra que se esencia en la descripción continua del horror y la hostilidad del entorno fronterizo. Ni pontifica sobre el poder del mal ni ofrece moralejas. La intención de McCarthy es pintar, con trazos sublimes, el paisaje oscuro del alma y hacer que el lector se encuentre cara a cara con las tinieblas de la naturaleza humana. Y a fe mia que lo consigue.


All the Pretty Horses




(1) Al contrario que The Road, alabada por todos, la novela de Pynchon ha cosechado tantas críticas positivas como negativas. Entre las segundas destaca el juicio emitido por la siempre terrible Michiko Kakutani en el New York Times, cuya primera frase reproduzco a continuación.
"Thomas Pynchon’s new novel, “Against the Day,” reads like the sort of imitation of a Thomas Pynchon novel that a dogged but ungainly fan of this author’s might have written on quaaludes."
La crítica completa pueden encontrarla aquí.

(2) Sólo una vez se le cita por un nombre en todo el texto, aunque se trata más de un calificativo que de un nombre propio: el juez Holden se refiere a él como Blasarius.

(3) Es imposible, al leer la descripción del juez, no relacionarla directamente con la imagen del Kurtz que Marlon Brando interpretó en Apocalypse Now.

jueves, 11 de enero de 2007

Opuestos complementarios

Ayer, día 10, el Sitio de Ciencia-Ficción cumplía su 10º aniversario. Hoy, 11 de enero, la asociación cultural Xatafi anuncia la 2ª edición del Premio Xatafi-Cyberdark. Ambos acontecimientos se me antojan cruciales para conocer la temperatura del estado actual de la literatura fantástica en España, pues representan y defienden dos maneras opuestas de abordar el género.

Aniversario del Sitio

El trabajo de su creador, Francisco José Súñer Iglesias, en la dirección y edición del Sitio a lo largo de estos 10 años ha sido impecable. No sólo ha logrado que la web creciera a un ritmo regular ascendente, sino que ha sabido imprimir su visión particular a todo su contenido por medio de una sabia elección de textos y colaboradores afines a la idea de una ciencia ficción y fantasía clásicas, más de argumentos que de estéticas. En el extremo opuesto, los miembros de la Asociación Cultural Xatafi reclaman una visión crítica del género fantástico que le exija los mismos baremos de calidad que al resto de la literatura. No sólo ha de ser rica en ideas, sino también en elaboración formal.

II Premio Xatafi-Cyberdark

El momento actual que vive este género literario necesita de estos dos enfoques contrapuestos. Me reconozco más partidario del segundo que del primero, y creo que con el actual aluvión de escritores generalistas que están acudiendo a la cf, la fantasía y el terror es más necesaria una crítica que encauce ese nuevo torrente y trate de analizar sus claves para que se sume y multiplique la calidad global del resto del género. Pero es obligado, también, no dejar por ello de lado a los autores que continúan escribiendo historias desde la ortodoxia. Xatafi y el Sitio aseguran ese seguimiento dual.

lunes, 8 de enero de 2007

George R. R. Martin. Muerte de la luz

Muchos años antes de que la fiebre provocada por "Canción de hielo y fuego", mastodóntico y adictivo culebrón de fantasía medieval, convirtiera a George R. R. Martin en el autor fashion que es ahora mismo, en España ya se reivindicaba su buen hacer gracias a una novela de ciencia ficción que apuntaba hacia el género literario opuesto. Muerte de la luz siempre ha contado con más consideración en nuestro país que en otras partes, y he de reconocer que no sé por qué. A veces la temática de una novela conecta más con unas culturas que con otras, no se me ocurre otra respuesta. En mi opinión, se trata de una novela aceptable (que ya es mucho), buena pero no excelente. Hace unos años escribí una breve crítica que a continuación rescato:


En su primera novela, George R. R. Martin enfrenta algunos de los temas que mayor importancia han tenido en la literatura de las distintas épocas, tales como el amor, el honor y la lealtad. El decorado de la historia lo conforma un planeta agonizante; el leitmotiv, más que en el asunto amoroso tan publicitado por sus editores, se centra en la evolución interior de un futuro líder que revolucionará su sociedad. Muerte de la luz es heredera directa de las inquietudes que recorrieron la década deMuerte de la luz los 70. En la novela destacan algunos temas muy de moda en esos años, como la lucha por la igualdad de la mujer, el antimilitarismo o la renuncia a la violencia. Sin embargo, aun abogando por todos ellos, el resultado final de la historia no es el esperado. El autor contrapone a la reivindicación de fondo valores morales hoy considerados pasée: el honor y la lealtad. Y, fuera su intención o no, logra dignificarlos por la vía nostálgica, pues se hace evidente, sobre todo en un melancólico final impregnado de lirismo, que ni en ese futuro ni tal vez en nuestro presente queda ya sitio para ellos.
Las en principio extrañas normas de la sociedad kavalar acaban, por mor de los hechos, logrando atraer al lector y hacerle añorar otros tiempos en los que todo era más sincero y menos material. Los desdichados acontecimientos y, especialmente, los intensos diálogos, dotan de gran pasión a una novela en la que el drama humano se superpone al atractivo entorno, provocando que el paralelismo buscado por el autor entre la muerte del amor y de los viejos valores y la del planeta que agoniza no consiga el equilibrio buscado. A pesar de ello, algunos episodios, como el del primer encuentro con la fantasmagórica ciudad de Kryne Lamiya y su eterno lamento consiguen el calificativo de imborrables.
Me parece curioso que esta novela se venda como la más romántica del género, pues aunque el amor triunfa finalmente, lo hace a costa del sacrificio de otros sentimientos menos efímeros, más voluntarios.